Cuando el comienzo destruyo los corazones, mas fuerte te sentí cuando los árboles se hicieron metálicos y tus hijos corrieron en verano a enfriar sus manos y treparon hasta poder ver el oxido de lo mas alto que las lluvias mancharon.
Siempre soñé que estarías junto a mí, tocando el frío de las hojas que recogiste con las manos que ya no tienes, con tus ojos que ya no ven.
Cuando quisimos trabajar abrimos el taller de almas.
Recapitulamos los pensamientos hasta hacerlos oportunos, lo mas óptimo para inaugurar el cuarto que siempre quisiste, el mismo donde recibiríamos a las mejores almas que esperaban descubrirse.
Me desapiade de cuentos para chicos y me ahogue en la risa del desden.
Descubrí que en épocas de hierro también se ama con la misma consistencia y sensación.
El clima sigue siendo distinto, aunque me canse de no saberlo.
Observe sus caras amor, las mire mejor cuando no te tenían.
Amor pude verme cuando por vos se mataron.
Cuando te mire en el espejo descubrimos que no eras como yo, que querías serlo… pero no lo eras. Te llame tantas veces por tu nombre que el mismo perdió sentido hasta que trajiste un espejo, lo pusiste frente a ti y me viste.
Ese día te confesaste centenares de cosas. Ese día fue donde te juraste tantas otras.
Leíste el diario amarillista de todos los días, desayunamos cara a cara y lloraste de soledad o fuiste feliz por ella. Te regocijaste en las noticias y volviste a la cama para pensar el tiempo, para descoserlo y ver el algodón con el que esta relleno.
Mientras yo… te veía morir en las mejores formas, en las más eróticas imágenes de tu depresiva razón de tiempo, yo solo quería tomar lo que quería, alimentarme y no volver a verte, o cerrar los ojos para reformar tu imagen.
Amor fuiste necesidad en tiempos de metales.
Ilusione los hechos, altere la situación de ser y lo llore.
No entendiste nunca que nunca me entendí, porque gracias a vos que fuiste quien no se conocía en realidad.
No conociste lo profundo que transformas las cosas.
Nunca conociste que estabas dentro mío porque creo que yo te doy vida.
A veces fuiste individual aunque me escribí cartas para recordarlo.
Y aunque hice el esfuerzo de sentirlo, no fui culpable de condenarlo y asentirlo después.
Me encontraste muchas veces escondido de vos.
Fuiste amor.
Te dedicaste a odiar a pocos, porque merecían de tu odio. Amor Se hicieron aberrantes.
Fuiste de alguien y aun creo… aun lo eres
Abriste el taller amor, abriste ese taller…y fue cuando pensé que solo yo tenía el poder.
Me dedique tanto tiempo a encontrar el contenido de los objetos que…, que te moriste en la cama pensando el tiempo. Espere que durmieras de nuevo te robe el alma, y con facilidad pude verte hasta entender tus engranajes.
Llene los cajones de viejos pedidos con dedicaciones sin fatiga, pero sin sentido. “Fuiste tan imbecil” me dije…. Solo lo dije cuando mejoraba mi imaginación.
Te ame, solo te ame hasta que por amor te ame.
Ame a la gente, ame a la vida hasta que descubrí que no podíamos llegar.
Me abandone en el momento que pude verme en ese maldito espejo, en que pude verme en esa flemática cama, en mi sombra. Por suerte baje los brazos, y me transformaste.
Me cambiaste o perfeccionaste tus ataques.
Y por amor, cuando descubrí como desarmar almas para ver su contenido, perdí la formula para reconstruirlas.
Ruani Simon.-
sábado, 5 de diciembre de 2009
martes, 27 de octubre de 2009
"ILUSIONANDO"
Mil almas golpean contra los muros
Mil almas fueron privadas de su libertad.
Tienen la mirada perdida,
Ya no es por refugiarse en otro plano, en otra dimisión…
Víctimas de la magia que quiso volverlos a la realidad,
Sus cuerpos son otros,
Cien años de soledad
Que los hizo olvidar el olor a pan tostado por las mañanas de mamá.
Mil almas no son dueñas de su destino,
Mil almas dependen de la misericordia,
De la misericordia de un Dios mundano
Para que no se los castigue más y se los deje volar en paz
O de algún Dios espiritual
Para descansar en paz.
Mil almas crujen sus dientes,
Sonríen cuando alguien se acerca por el interminable sendero.
Mil almas quieren abrazar,
Pero pocos cuerpos se dejan tocar.
Miradas vacías de tanto vivido y tanto quitado
Expresiones desdibujadas de tanto dolor…
Sólo limitándose a pedir lo que el cuerpo desea,
Tal vez un poco de tabaco para los alvéolos,
Tal vez algo dulce para el corazón.
Mil almas caminan errantes por los pasillos,
Con la mirada perdida,
Refugiándose en alguna imagen invisible para los demás.
Con ganas de salir,
Con ganas de no estar,
Con el anhelo de que vuelva un tiempo mejor.
Presos de la soledad
Y de las miserias más humanas;
Victimas del ensueño,
Por tanto soñar.
Cientos de novatos
Futuros cazadores furtivos
Visitan estas mil almas
Admiran el paisaje como si fuera un zoológico humano,
Como si fuera tan fácil,
Como si fuera tan complicado.
Llenos de teorías simplistas,
Que no explican el sufrimiento de estas almas,
Con poco corazón y mucha razón,
Con tan poco por saber y tanto por vivir.
Mil almas te llaman
Mil almas gritan y sus voces se pierden en el silencio.
Sordos de tanto escuchar voces,
Ciegos de tanto alucinar,
Prisioneros de esa primera ilusión,
Ilusión que los llevó a adoptar esa realidad paralela.
Paralela según quién…?
Según él, según ella, según ellos…
¿Quiénes son ellos?
Refugiarse en la propia verdad, encerrarse en la propia premisa,
Esconderse en la ilusión de que el mundo es como uno quiere.
Convencerse de que se es y serlo.
Con cientos de certezas y ninguna duda,
Diciendo todo lo que se siente
Hablando a solas y ser escuchada.
Arrodillarse ante lo sublime,
Olvidar lo malo,
Escaparse de un par de villanos,
Corretear al ser amado sin importar el cómo.
Ser, ser y seguir siendo.
El ojo que mira & el iris nefasto,
Enamorarse muchas veces al día,
Soñar despierto con un beso que no te toca los labios,
Pero sí el espíritu…
Mil almas errantes,
Mil almas reambulantes,
Presas de alguien que dijo que las quería
Y los depositaron ahí,
Una tarde de cualquier estación
Que se volvió invierno,
Un viaje sin retorno
Un viaje al reino de los piantados sanos..
Romina Bustelo.
Mil almas fueron privadas de su libertad.
Tienen la mirada perdida,
Ya no es por refugiarse en otro plano, en otra dimisión…
Víctimas de la magia que quiso volverlos a la realidad,
Sus cuerpos son otros,
Cien años de soledad
Que los hizo olvidar el olor a pan tostado por las mañanas de mamá.
Mil almas no son dueñas de su destino,
Mil almas dependen de la misericordia,
De la misericordia de un Dios mundano
Para que no se los castigue más y se los deje volar en paz
O de algún Dios espiritual
Para descansar en paz.
Mil almas crujen sus dientes,
Sonríen cuando alguien se acerca por el interminable sendero.
Mil almas quieren abrazar,
Pero pocos cuerpos se dejan tocar.
Miradas vacías de tanto vivido y tanto quitado
Expresiones desdibujadas de tanto dolor…
Sólo limitándose a pedir lo que el cuerpo desea,
Tal vez un poco de tabaco para los alvéolos,
Tal vez algo dulce para el corazón.
Mil almas caminan errantes por los pasillos,
Con la mirada perdida,
Refugiándose en alguna imagen invisible para los demás.
Con ganas de salir,
Con ganas de no estar,
Con el anhelo de que vuelva un tiempo mejor.
Presos de la soledad
Y de las miserias más humanas;
Victimas del ensueño,
Por tanto soñar.
Cientos de novatos
Futuros cazadores furtivos
Visitan estas mil almas
Admiran el paisaje como si fuera un zoológico humano,
Como si fuera tan fácil,
Como si fuera tan complicado.
Llenos de teorías simplistas,
Que no explican el sufrimiento de estas almas,
Con poco corazón y mucha razón,
Con tan poco por saber y tanto por vivir.
Mil almas te llaman
Mil almas gritan y sus voces se pierden en el silencio.
Sordos de tanto escuchar voces,
Ciegos de tanto alucinar,
Prisioneros de esa primera ilusión,
Ilusión que los llevó a adoptar esa realidad paralela.
Paralela según quién…?
Según él, según ella, según ellos…
¿Quiénes son ellos?
Refugiarse en la propia verdad, encerrarse en la propia premisa,
Esconderse en la ilusión de que el mundo es como uno quiere.
Convencerse de que se es y serlo.
Con cientos de certezas y ninguna duda,
Diciendo todo lo que se siente
Hablando a solas y ser escuchada.
Arrodillarse ante lo sublime,
Olvidar lo malo,
Escaparse de un par de villanos,
Corretear al ser amado sin importar el cómo.
Ser, ser y seguir siendo.
El ojo que mira & el iris nefasto,
Enamorarse muchas veces al día,
Soñar despierto con un beso que no te toca los labios,
Pero sí el espíritu…
Mil almas errantes,
Mil almas reambulantes,
Presas de alguien que dijo que las quería
Y los depositaron ahí,
Una tarde de cualquier estación
Que se volvió invierno,
Un viaje sin retorno
Un viaje al reino de los piantados sanos..
Romina Bustelo.
"EL PAN NUESTRO DE CADA DIA"
Se hicieron de repente, los siglos de los minutos, mientras yo veía como en otras poesías, la madre de alguien le planchaba la camisa a Dios.
Un arrogante marido.
Veía y escuchaba en otras poesías casi prosaicas, como alguien se asfixiaba en cuestionamientos infantiles, que por cierto se hicieron humo en la mesa oscura, de la sala oscura donde yo respiraba.
Como me hablaban los autores desorbitados, que parecían cuerdos fumadores de opio.
Y en ese entonces fue cuando escuche también en la mesa de los imaginarios ecos, como alguien fundamentaba que dios quizás sacude de manera sensual sus tetas.
Como si alguien supiese la naturaleza del género divino.
Escuchaba en el rincón donde se encontraba el piano, o quizás donde yo quisiera que este se encontrara, como se quejaban los poetas que no se cansaban de denunciar en murmullos el día especial, donde los negros metieron sus pies al agua, de la fuente de la gran plaza, para escándalo de la burguesía por cierto.
Y fuera de mi asombro, encontré como piden revolución los que están sentados en un sofá.
Ya no existía una casa de pensadores que se hiciera la muertita.
Porque solo me dijeron entre el humo del tabaco y otras sustancias, que nadie se perdía de los quilombos y no había pendejos burgueses que se perdieran de una noche de tango zambulléndose camuflados entre los marginados.
Y las caras largas de los pobres infelices que creyeron que quedaría oculto. ¿Pero quien se iba a imaginar que la música popular por fin tendría letra? “espero paciente”, para que caigan primero los ratones a la trampera, para después salir a venderlos.
Las teorías más paupérrimas, se convierten en esta isla en las cosas más rentables.
-Y esto lo dicen los marinos del Aconcagua.-
Los días pasaban y las historietas se repetían, una y otra vez, hasta que del juego se sacaba una ficha menos, un participante menos……. una lapida más.
Nunca hemos aprendido a ser condescendientes, pero si pudimos acomplejarnos para que de alguna manera entremos en el cajoncito de las ofertas. Así tenia mas sentido vender el cajón con las manzanas adentro y no vacío…. Porque eso no seria honesto.
Al chico del kilómetro 12 le asesinaron a los padres. Pero se quedo tranquilo porque ellos estarían con dios.
-No, “no hay de que preocuparse me dijo el asesino, yo no soy psicótico, pues cuando me permito el gusto de matar lo hago muy conciente”.- dio media vuelta saludo con una burlona reverencia y se marcho.
De repente prefiero suspirar y dar vuelta la página.
Entonces los siglos empezaron a hacerse de los minutos, y fue cuando el hombre intento engañar al hombre.
Entonces fue cuando las poesías empezaron a hacerse de las quejas, y fue cuando la revolución empezó a hacerse de los engaños.
Fue cuando escuche como tocaban el piano, que estaba en la sala oscura, en el rincón que yo deseaba que se encontrara, y las notas se afinaban a medida que llegaban a interpretarse.
Sentía como me crujía la mandíbula porque dentro de esta rara lectura, tuve un desmayo de cansancio, lo cual provoco que sufriera una parálisis, de esos que acompañan el descanso que duro no mas de 5 minutos y casi me arrastra a la realidad.
Fue cuando los pobres conocieron el pan de todos los días, y los ricos solo se hicieron de los pobres.
Así los vecinos entendieron que no había que asustarse cuando en el cementerio se levantaran los muertos para saludarlos con mayor simpatía de la esperada.
Porque ellos sollozaban demasiado, mientras repartían claveles.
Y se hacia el amor en las plazas y se podían coger en las camas de los esposos.
Y se hicieron la salas de fumadores, donde el que mas rápido moría era el mas inteligente, y las cenizas desteñían la alfombra, de un oscuro caoba, que las mejores pisadas le hacían casi un efecto de patinado.
Y se hicieron los bustos de los próceres, muy arraigado a la mitología griega o alguna otra mentira pomposa de las culturas.Y se siguieron mintiendose alabando a falsos idolos o libertadores.
Y entonces las risas casi embriagas, delataban los rencores de unos con otros.
El humo seguía saliendo demasiado sagaz desde el interior del libro.
En el baño del recinto se espera con ansias el veredicto del parto que adentro se ejecutaba, pero la emoción de la noticia no superaba la distancia del pasillo, y para mi desgracia yo estaba dos salas antes de este.
Se fusilaron en esa noche con tantas palabras, que murieron demasiados sentimientos, arrumbados en un muro.
Sin embargo no perdimos todavía la costumbre de pensar en los claveles, ni de meter la mano dentro de la tierra, para que mientras disfrutamos del sol agarramos con esa mano a los muertos que nos dejaron y no queremos.
-¿es tan fácil mentirle al que interpreta?
-Los lutos ya no se hacen a escondidas y creo que es lo que mejor aceptamos- dijo un personaje de la izquierda, que por cierto era prostituta.
Entonces quebró un silencio atroz en la sala, que provoco el cese de disparos por unos momentos.
Se perdonaron el tiempo perdido, se levantaron y con una mano en la tierra procuraron irse, para esperar la siguiente guerra.
Entonces se levanto de sus aposentos dio las ordenes debidas, y se puso su camisa recién planchada para salir de la sala, tomarse un taxi y volver a la comodidad de la televisión, donde realmente si podía comer pan, putear y ser DIOS.
Simon Ruani.
Un arrogante marido.
Veía y escuchaba en otras poesías casi prosaicas, como alguien se asfixiaba en cuestionamientos infantiles, que por cierto se hicieron humo en la mesa oscura, de la sala oscura donde yo respiraba.
Como me hablaban los autores desorbitados, que parecían cuerdos fumadores de opio.
Y en ese entonces fue cuando escuche también en la mesa de los imaginarios ecos, como alguien fundamentaba que dios quizás sacude de manera sensual sus tetas.
Como si alguien supiese la naturaleza del género divino.
Escuchaba en el rincón donde se encontraba el piano, o quizás donde yo quisiera que este se encontrara, como se quejaban los poetas que no se cansaban de denunciar en murmullos el día especial, donde los negros metieron sus pies al agua, de la fuente de la gran plaza, para escándalo de la burguesía por cierto.
Y fuera de mi asombro, encontré como piden revolución los que están sentados en un sofá.
Ya no existía una casa de pensadores que se hiciera la muertita.
Porque solo me dijeron entre el humo del tabaco y otras sustancias, que nadie se perdía de los quilombos y no había pendejos burgueses que se perdieran de una noche de tango zambulléndose camuflados entre los marginados.
Y las caras largas de los pobres infelices que creyeron que quedaría oculto. ¿Pero quien se iba a imaginar que la música popular por fin tendría letra? “espero paciente”, para que caigan primero los ratones a la trampera, para después salir a venderlos.
Las teorías más paupérrimas, se convierten en esta isla en las cosas más rentables.
-Y esto lo dicen los marinos del Aconcagua.-
Los días pasaban y las historietas se repetían, una y otra vez, hasta que del juego se sacaba una ficha menos, un participante menos……. una lapida más.
Nunca hemos aprendido a ser condescendientes, pero si pudimos acomplejarnos para que de alguna manera entremos en el cajoncito de las ofertas. Así tenia mas sentido vender el cajón con las manzanas adentro y no vacío…. Porque eso no seria honesto.
Al chico del kilómetro 12 le asesinaron a los padres. Pero se quedo tranquilo porque ellos estarían con dios.
-No, “no hay de que preocuparse me dijo el asesino, yo no soy psicótico, pues cuando me permito el gusto de matar lo hago muy conciente”.- dio media vuelta saludo con una burlona reverencia y se marcho.
De repente prefiero suspirar y dar vuelta la página.
Entonces los siglos empezaron a hacerse de los minutos, y fue cuando el hombre intento engañar al hombre.
Entonces fue cuando las poesías empezaron a hacerse de las quejas, y fue cuando la revolución empezó a hacerse de los engaños.
Fue cuando escuche como tocaban el piano, que estaba en la sala oscura, en el rincón que yo deseaba que se encontrara, y las notas se afinaban a medida que llegaban a interpretarse.
Sentía como me crujía la mandíbula porque dentro de esta rara lectura, tuve un desmayo de cansancio, lo cual provoco que sufriera una parálisis, de esos que acompañan el descanso que duro no mas de 5 minutos y casi me arrastra a la realidad.
Fue cuando los pobres conocieron el pan de todos los días, y los ricos solo se hicieron de los pobres.
Así los vecinos entendieron que no había que asustarse cuando en el cementerio se levantaran los muertos para saludarlos con mayor simpatía de la esperada.
Porque ellos sollozaban demasiado, mientras repartían claveles.
Y se hacia el amor en las plazas y se podían coger en las camas de los esposos.
Y se hicieron la salas de fumadores, donde el que mas rápido moría era el mas inteligente, y las cenizas desteñían la alfombra, de un oscuro caoba, que las mejores pisadas le hacían casi un efecto de patinado.
Y se hicieron los bustos de los próceres, muy arraigado a la mitología griega o alguna otra mentira pomposa de las culturas.Y se siguieron mintiendose alabando a falsos idolos o libertadores.
Y entonces las risas casi embriagas, delataban los rencores de unos con otros.
El humo seguía saliendo demasiado sagaz desde el interior del libro.
En el baño del recinto se espera con ansias el veredicto del parto que adentro se ejecutaba, pero la emoción de la noticia no superaba la distancia del pasillo, y para mi desgracia yo estaba dos salas antes de este.
Se fusilaron en esa noche con tantas palabras, que murieron demasiados sentimientos, arrumbados en un muro.
Sin embargo no perdimos todavía la costumbre de pensar en los claveles, ni de meter la mano dentro de la tierra, para que mientras disfrutamos del sol agarramos con esa mano a los muertos que nos dejaron y no queremos.
-¿es tan fácil mentirle al que interpreta?
-Los lutos ya no se hacen a escondidas y creo que es lo que mejor aceptamos- dijo un personaje de la izquierda, que por cierto era prostituta.
Entonces quebró un silencio atroz en la sala, que provoco el cese de disparos por unos momentos.
Se perdonaron el tiempo perdido, se levantaron y con una mano en la tierra procuraron irse, para esperar la siguiente guerra.
Entonces se levanto de sus aposentos dio las ordenes debidas, y se puso su camisa recién planchada para salir de la sala, tomarse un taxi y volver a la comodidad de la televisión, donde realmente si podía comer pan, putear y ser DIOS.
Simon Ruani.
sábado, 10 de octubre de 2009
“Factoría de putrefacción
Y si pasó mucho tiempo después de la última creación. Eso ya no puede ser problema de los demás, que quieren la carroña de los desechos de la imaginación ajena.
Son como ladrones, como los hermanos del plagio y de las mejores prácticas impostoras del mismo amor disfrazado de desconfianza y obsesión. Casi imposible de explicar lo toxico que es un renglón demás en una hoja. Con demasiadas denuncias.
No…Ya hace tiempo que el cadáver esta en el armario pero este no se descompone más.
Es el mismo cadáver, con la misma pestilencia y el mismo color, es el difunto que yo provoque, y aun no se descompone como quisieran mis deseos que fuera.
Primero fue un deseo, después se transformo en la mejor idea merecedora de una estrategia para ser ejecutada previamente siendo plan.
Plan luego acción.
Luego impulso, emoción, ansiedad, luego odio, arrepentimiento, trastornos, pesadillas.
Parálisis y asfixia.
Y todo eso respetando ese orden, porque fue en ese orden que empezaron a fabricarse difuntos pestilentes. No puede hacerse de otra manera.
Es que tendrán que entender los carroñeros que no hay otra forma de crear cadáveres.
¡Y que lo aprendan de una vez!
Algunos ya se descompusieron, otros aun están en proceso, otros agusanados, y otros cadáveres que quizás tiene mejor resistencia, quedando casi embalsamados.
Yo creo oler lo rancio de la creación más inmunda de los hombres.
¿No intentaste disimular perfumar tus difuntos?, o mejor que nadie lo sepa.
Lo muerto es muerto, y con todo lo que eso conlleva, incluso la putrefacción.
¿Que tanto se perfecciono el homicida?, ¿que hay recetas para meter difuntos al armario también?
De todos maneras, ya casi uno se acostumbra a lo hedores de sus propias basuras. ¿No es así?
¿O es acaso que la gente pretende vivir parasitando de las desgracias ajenas, y de los logros de los carroñeros?
Y también dejamos cosas en el tintero para decir alguna vez con vergüenza. Pero resulta que la vida se va y esas cosas son las más importantes para decir.
A veces es mejor creer que nos olvidamos, de esa manera los cadáveres cesan su emanación de aromas.
Que inteligente es ser incoherente.
Que fuerte, ya casi estoy sintiendo como se regocijan los gusanos en el brazo izquierdo de una de mis mejores creaciones, ya casi los escucho deleitarse de eso que yo intencionalmente o quizás no, pude crear.
Es que todavía no evolucionamos lo suficiente para que los humanos seamos “marcas” y dejemos de una vez de ser “razas”.
Ahora entra agua por el armario, afuera sigue lloviendo, y yo ya me escondí lo suficiente para que de una vez exista privacidad en mis mejores aniquilaciones o asesinatos.
Que feliz me siento, el agua casi logra disimular la peste.
Pero que ilusión mas grande encontrar un terreno amplio para enterrar estos…creo que….casi….aproximadamente 5 o 6 muertos.
Ya estoy apunto de vivir la mejor implosión, me duelen las costillas y no me molesta decirte que los muertos seguirán en el mismo armario. Donde, aunque suene morboso, me escondo para reflexionar sobre mis suciedades…y las tuyas también, no te sientas inmune.
Pero incluso en este armario surgen las cosas más puras, las ideas más nobles y los recuerdos más sanos. Aunque no lo creas en ese armario, comparten espacio lo podrido y lo nuevo.
Y aunque no pienses ni siquiera en intentar entrar, te confieso que de antemano, encontraras en algún rincón decente o por lo menos higiénico, donde te postraras en ese espacio, y sin mover sentirás loe hedores más reales de todos. Pues aunque no te guste todo eso lo creaste vos.
Es la perfecta factoría de putrefacción… Ya lo sabes solo que yo ahora lo escribo.
Aunque no te guste y no quieras creerme, todos esos muertos pueden haber sido tus victimas.
Pero por suerte el armario esta cerrado, solo para tu conocimiento, y gracias a que solo se abre para vos.
Que ingeniosa la alquimia.
Quiero conciliarte el sueño y ya me llegaran mis futuros, me suicidaran.
Quiero conciliar mi sueño, me aburrieron las leyendas.
Ya me toco la migraña provocada por los falsos inventores de la seriedad, y la información implícitamente explicita.
Y creen que pienso que censuraron lo que no quieren ver las mentes inocentes.
Ya es otra cosa que empieza a pudrirse.., ¡que glorioso!, cualquiera puede predecir el futuro si se lo propone.
No importa que pienses o que tan bienaventurado te creas para los santos, no te olvides que también me puedo pudrir en tu armario.
Pero solo lo sabemos vos y yo. No te asustes.
Y para finalizar Mozart esta meciendo mi cama, rogando que pueda conciliar lo que necesito.
Simon Ruani.
Son como ladrones, como los hermanos del plagio y de las mejores prácticas impostoras del mismo amor disfrazado de desconfianza y obsesión. Casi imposible de explicar lo toxico que es un renglón demás en una hoja. Con demasiadas denuncias.
No…Ya hace tiempo que el cadáver esta en el armario pero este no se descompone más.
Es el mismo cadáver, con la misma pestilencia y el mismo color, es el difunto que yo provoque, y aun no se descompone como quisieran mis deseos que fuera.
Primero fue un deseo, después se transformo en la mejor idea merecedora de una estrategia para ser ejecutada previamente siendo plan.
Plan luego acción.
Luego impulso, emoción, ansiedad, luego odio, arrepentimiento, trastornos, pesadillas.
Parálisis y asfixia.
Y todo eso respetando ese orden, porque fue en ese orden que empezaron a fabricarse difuntos pestilentes. No puede hacerse de otra manera.
Es que tendrán que entender los carroñeros que no hay otra forma de crear cadáveres.
¡Y que lo aprendan de una vez!
Algunos ya se descompusieron, otros aun están en proceso, otros agusanados, y otros cadáveres que quizás tiene mejor resistencia, quedando casi embalsamados.
Yo creo oler lo rancio de la creación más inmunda de los hombres.
¿No intentaste disimular perfumar tus difuntos?, o mejor que nadie lo sepa.
Lo muerto es muerto, y con todo lo que eso conlleva, incluso la putrefacción.
¿Que tanto se perfecciono el homicida?, ¿que hay recetas para meter difuntos al armario también?
De todos maneras, ya casi uno se acostumbra a lo hedores de sus propias basuras. ¿No es así?
¿O es acaso que la gente pretende vivir parasitando de las desgracias ajenas, y de los logros de los carroñeros?
Y también dejamos cosas en el tintero para decir alguna vez con vergüenza. Pero resulta que la vida se va y esas cosas son las más importantes para decir.
A veces es mejor creer que nos olvidamos, de esa manera los cadáveres cesan su emanación de aromas.
Que inteligente es ser incoherente.
Que fuerte, ya casi estoy sintiendo como se regocijan los gusanos en el brazo izquierdo de una de mis mejores creaciones, ya casi los escucho deleitarse de eso que yo intencionalmente o quizás no, pude crear.
Es que todavía no evolucionamos lo suficiente para que los humanos seamos “marcas” y dejemos de una vez de ser “razas”.
Ahora entra agua por el armario, afuera sigue lloviendo, y yo ya me escondí lo suficiente para que de una vez exista privacidad en mis mejores aniquilaciones o asesinatos.
Que feliz me siento, el agua casi logra disimular la peste.
Pero que ilusión mas grande encontrar un terreno amplio para enterrar estos…creo que….casi….aproximadamente 5 o 6 muertos.
Ya estoy apunto de vivir la mejor implosión, me duelen las costillas y no me molesta decirte que los muertos seguirán en el mismo armario. Donde, aunque suene morboso, me escondo para reflexionar sobre mis suciedades…y las tuyas también, no te sientas inmune.
Pero incluso en este armario surgen las cosas más puras, las ideas más nobles y los recuerdos más sanos. Aunque no lo creas en ese armario, comparten espacio lo podrido y lo nuevo.
Y aunque no pienses ni siquiera en intentar entrar, te confieso que de antemano, encontraras en algún rincón decente o por lo menos higiénico, donde te postraras en ese espacio, y sin mover sentirás loe hedores más reales de todos. Pues aunque no te guste todo eso lo creaste vos.
Es la perfecta factoría de putrefacción… Ya lo sabes solo que yo ahora lo escribo.
Aunque no te guste y no quieras creerme, todos esos muertos pueden haber sido tus victimas.
Pero por suerte el armario esta cerrado, solo para tu conocimiento, y gracias a que solo se abre para vos.
Que ingeniosa la alquimia.
Quiero conciliarte el sueño y ya me llegaran mis futuros, me suicidaran.
Quiero conciliar mi sueño, me aburrieron las leyendas.
Ya me toco la migraña provocada por los falsos inventores de la seriedad, y la información implícitamente explicita.
Y creen que pienso que censuraron lo que no quieren ver las mentes inocentes.
Ya es otra cosa que empieza a pudrirse.., ¡que glorioso!, cualquiera puede predecir el futuro si se lo propone.
No importa que pienses o que tan bienaventurado te creas para los santos, no te olvides que también me puedo pudrir en tu armario.
Pero solo lo sabemos vos y yo. No te asustes.
Y para finalizar Mozart esta meciendo mi cama, rogando que pueda conciliar lo que necesito.
Simon Ruani.
martes, 6 de octubre de 2009
" Sin sentido".
Nos robaron la belleza,
Nos quitaron esa sensación de misterio, de lo esotérico
Nos impusieron un mundo previsible, gélido.
La metáfora del reloj nos impuso la premisa del imperativo categórico…
¿Todo se volvió más fácil?
¿A dónde llegamos?
Mataron a Dios para exaltar al hombre,
Después asesinaron al rey anthropo…
¿Quién será la próxima víctima?
¿Cuántas almas quedarán vacías?
¿Cuántos cuerpos perderán u motor vital?
Quisimos un mundo mecánico y obtuvimos caos,
Todo se volvió un desastre…
Dos gigantes se enfrentaron y hubo guerra…
Ríos de sangre corren por ideologías ajenas…
Sacrificamos la esperanza del mundo,
Destruimos lo poco que quedaba…
Desperdiciamos nuestro tiempo frente a un caleidoscopio que nos marea
Nos volvimos voyeuristas y exhibicionistas,
El reino de lo privado, de lo impenetrable se volvió efímero y estrecho
Nos mostramos grandiosos ante quién sabe y por qué no lo sé…
Vomitamos nuestras penas ante el Otro desconocido
Del cual creemos todo conocer
La interioridad se esconde en nosotros, solitaria y casi olvidada…
En un rincón de nuestra alma, presa de nuestra amnesia selectiva
Y presa de la subjetividad de lo ajeno.
¿Quién soy realmente? ¿Me conocés?
¿Quién sos? ¿Te conozco?
Preguntas que no buscan respuesta,
Preguntas que se diluyen entre tanta nada…
Tanta nada llena de tanto mucho…
Bustelo Romina.
Nos quitaron esa sensación de misterio, de lo esotérico
Nos impusieron un mundo previsible, gélido.
La metáfora del reloj nos impuso la premisa del imperativo categórico…
¿Todo se volvió más fácil?
¿A dónde llegamos?
Mataron a Dios para exaltar al hombre,
Después asesinaron al rey anthropo…
¿Quién será la próxima víctima?
¿Cuántas almas quedarán vacías?
¿Cuántos cuerpos perderán u motor vital?
Quisimos un mundo mecánico y obtuvimos caos,
Todo se volvió un desastre…
Dos gigantes se enfrentaron y hubo guerra…
Ríos de sangre corren por ideologías ajenas…
Sacrificamos la esperanza del mundo,
Destruimos lo poco que quedaba…
Desperdiciamos nuestro tiempo frente a un caleidoscopio que nos marea
Nos volvimos voyeuristas y exhibicionistas,
El reino de lo privado, de lo impenetrable se volvió efímero y estrecho
Nos mostramos grandiosos ante quién sabe y por qué no lo sé…
Vomitamos nuestras penas ante el Otro desconocido
Del cual creemos todo conocer
La interioridad se esconde en nosotros, solitaria y casi olvidada…
En un rincón de nuestra alma, presa de nuestra amnesia selectiva
Y presa de la subjetividad de lo ajeno.
¿Quién soy realmente? ¿Me conocés?
¿Quién sos? ¿Te conozco?
Preguntas que no buscan respuesta,
Preguntas que se diluyen entre tanta nada…
Tanta nada llena de tanto mucho…
Bustelo Romina.
lunes, 5 de octubre de 2009
“VACIOxPALABRAS”
Acá compartiendo unos recortes muy realistas!!! Gracias por compartir Mariana.!!!
Muy bueno, todo tiene algo que dejar…..(Simon Ruani).
“VACIOxPALABRAS”.
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Lo q pasa es que vos pensas en hacer el amor, en conocerse y reír mientras yo pienso en como evadir para q no me salga caro.
Primero por que no tengo ninguna certeza y segundo por mi manía de desechar las cosas antes deque pasen. Mejor pensado si tengo una certeza y es que no, que vos tampoco podes ver mas allá de dos tetas, y una cintura por q estas ocupado en tus dolores de cabeza o simplemente por q sos figurita repetida.
Pero esta bien así, si vos pudieras sospechar q las letras se forman y deforman por tu energía….Aunque quiera no voy a vociferar ni a explayarme, por que no lo voy a hacer jamás y por eso sospecho lo que sospecho. No tengo el arte, no tengo el don, ni la seguridad ni el amor, por eso te quiero así. Y se prefiere tolerar y aprender a querer lo que uno crea, que perderlo; aunque sea una verdadera mierda. Por que esa es la justa ecuación aunque no les guste. La burrada me estropeo las ganas por que de verdad da asco y además tengo unas infrecuentes ganas de dormir o tal vez solo de cerrar los ojos por inercia.
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La soga en el cuello hoy me ajusta más que de costumbre pero no voy a pedir auxilio, no! No se tiene hermanos, no se quiere hermanos, tampoco que se busca hermanos el viernes, por que en realidad no es indicado. Pero venís así como si nada te mandas una bola gigante cosa de destruirme bien y no tan solo eso, sino que te sacas la zapatilla y con el pie descalzo me aplastas la cabeza mientras me contas mis miserias. Y esto es una infamia de tu parte que te creíste no se quien…pero la mas infame de todas soy yo, por no llevar eso puesto por no llamar al seguro y por no animarme a romperme la cara yo sola. Es tarde para ser clara, así que mas vale que siga así por que es lo que mejor me sale.
Me han quitado varias cosas, pero de una se olvidaron: el látigo, aunque en algún punto es una gracia conservarlo sino anda sabe que seria. Y estoy sintiendo una olor tan pero tan rico q mejor me voy a poner en orden la casa.
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En segundas nupcias nos vamos a tener que entrelazar. Pero no! No es mi intención las película se desenvuelve así, fatal. Teniendo en cuenta que solo veo recortes, recortes y mas recorte puedo coser bastante bien tu film y más o menos le encuentro algún sentido.
Mágicamente los relojes se doblan y para mi son como el viento en contra que levanta un poco de tierra, de esa tierra que se te entra por los ojos, te los irrita y te hace saltar las lágrimas. Pero las madres mas ancestrales ya se han ido, las han muerto ya no están para consolarnos así que debemos lavarnos los ojos solos.
Y mientras miro el cubo luminoso y lúgubre que irradia mas miseria que alegría y que me presenta imágenes vanas que no pienso comprar voy tratando de dibujar esos parques que desbordaban de roces y de cantos y que aun muy entrada la noche me hacían cosquillas en los pies. Pero ya todo caducado y los sistemas me han obligado a no ser mas que ficción, a no ser mas que materia sin peso, sin perdón ni arribo, mientras vos te hinchas de placer abriendo la heladera y soñando con ese…vos sabes con que soñas. Pero yo no.
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Esa puta idea romántica que tenes me dispara, prefiero dos noches rojas y de muerte, antes que una vida explicada y cuidada. Son mentiras blancas y no me creo nada de lo que estos me digan, aunque a veces me seduce la idea de sentarme a reposar. Pero esto es otra cosa, así que mejor me tiro, me tiro y si es un desacierto después me aguanto el zumo de limón sin azúcar que va a caer de tu cien.
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No me estaba concentrando por que ese me acordaba del living prendido fuego, de los sillones incendiados mas azules que nunca; mientras nosotros solo nos contábamos las verdades y los lunares…pero nos dimos cuenta tarde de que esa tarde no iba a llegar. Pero seguimos igual, fingiendo que todo iba, que esto aquí, que esto acá. Total…
Así que habrá que hablar de esta forma con frases hechas esquivando los pedazos de cristal para no rajarnos la piel, para no cansarnos y dejarnos; tendremos que asumir que no hay mas fotos en llamas, que no hay mas verdades ni mas lunares, solo la languidez de saber y enfrentar que tengo que abrir la puerta sola y encima, no tengo llaves.
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La cuestión es poner un contrapeso para que lo otro caiga con fuerza hacia el lado opuesto, todo se trata de suplantar una mierda por otra. Así nuestra ética mediocre y nuestra conciencia se quedan falsamente tranquilas…da asco pero así se juega.
Lo más jugoso es enfrentarse y romperse la cara si hay que hacerlo o besarse con pura desmesura y agresividad si hay que hacerlo. De esa manera uno sabe con certeza de que esta hecho el contrincante. No hay más espíritu que el espíritu mismo por eso hay que buscarlo y no hay mas cadenas que la razón ilustre por eso hay que ahorcarla. Pero da igual por que siempre quedamos vos y yo con escoria desperdigada por el cerebro y todo por que no queremos asumir que somos unos encantadores infames.
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Unos bardos y unas ganas. La realidad es que no tengo donde apoyar mi cabeza igual que vos....¿Y porque habría de tenerlo? Si vos no lo tuviste. Y acá me ves con los ojos de vidrio y la garganta tiesa buscando ser un pedazo de tierra donde vos puedas apoyar los pies. Ya ni los poderes mas poderes pueden pujar sobre mi y hacerme desistir. Ya es tarde para remediar y temprano para llorar; nada mas querría saltar la pared y salvar mi pellejo o el tuyo…ya no se. Es que ni siquiera mis manos me permiten discar por que están sangradas debido a la desconfianza. De nuevo acá abajo todo esta para arriba, otra vez la nausea y aunque tus zapatos me escalen hasta la nuca ya nada tiene peso, solo mis pasados, apurados por cerrarse y sellarse. Y yo me arrepiento tanto de no haber agregado esa palabra, y también de haber usado esa que te gustaba tanto…
En este día mi mas sentido pésame, me hubiera gustado ser dios solo para que las astillas no te saltaran allí donde procede la sístole y la diástole como un sistema casi inclaudicable. Todos los días la ropa me queda mas grande y no estoy feliz; por que todo tiene dos lados y hay que saber mirarlos, por que todo tiene una razón y yo la quiero olfatear, por que hay una unidad que mis ojos fragmentados en mil partes no pueden encontrar y por que conseguir el sueño es mas difícil que buscarte. Por todo eso y más no soy feliz.
Quisiera odiar las razón y el orden como mis mas altos próceres, esos que están en mi cabeza para armarla y destrozarla, peor no puedo por que me brotan desde mi mas brutal naturaleza. A menudo no se como terminar pero no sabes lo satisfecha que estoy por haber tipiado mal y por error haber conseguido tan grande acierto.
-Mariana Zanino-
Muy bueno, todo tiene algo que dejar…..(Simon Ruani).
“VACIOxPALABRAS”.
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Lo q pasa es que vos pensas en hacer el amor, en conocerse y reír mientras yo pienso en como evadir para q no me salga caro.
Primero por que no tengo ninguna certeza y segundo por mi manía de desechar las cosas antes deque pasen. Mejor pensado si tengo una certeza y es que no, que vos tampoco podes ver mas allá de dos tetas, y una cintura por q estas ocupado en tus dolores de cabeza o simplemente por q sos figurita repetida.
Pero esta bien así, si vos pudieras sospechar q las letras se forman y deforman por tu energía….Aunque quiera no voy a vociferar ni a explayarme, por que no lo voy a hacer jamás y por eso sospecho lo que sospecho. No tengo el arte, no tengo el don, ni la seguridad ni el amor, por eso te quiero así. Y se prefiere tolerar y aprender a querer lo que uno crea, que perderlo; aunque sea una verdadera mierda. Por que esa es la justa ecuación aunque no les guste. La burrada me estropeo las ganas por que de verdad da asco y además tengo unas infrecuentes ganas de dormir o tal vez solo de cerrar los ojos por inercia.
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La soga en el cuello hoy me ajusta más que de costumbre pero no voy a pedir auxilio, no! No se tiene hermanos, no se quiere hermanos, tampoco que se busca hermanos el viernes, por que en realidad no es indicado. Pero venís así como si nada te mandas una bola gigante cosa de destruirme bien y no tan solo eso, sino que te sacas la zapatilla y con el pie descalzo me aplastas la cabeza mientras me contas mis miserias. Y esto es una infamia de tu parte que te creíste no se quien…pero la mas infame de todas soy yo, por no llevar eso puesto por no llamar al seguro y por no animarme a romperme la cara yo sola. Es tarde para ser clara, así que mas vale que siga así por que es lo que mejor me sale.
Me han quitado varias cosas, pero de una se olvidaron: el látigo, aunque en algún punto es una gracia conservarlo sino anda sabe que seria. Y estoy sintiendo una olor tan pero tan rico q mejor me voy a poner en orden la casa.
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En segundas nupcias nos vamos a tener que entrelazar. Pero no! No es mi intención las película se desenvuelve así, fatal. Teniendo en cuenta que solo veo recortes, recortes y mas recorte puedo coser bastante bien tu film y más o menos le encuentro algún sentido.
Mágicamente los relojes se doblan y para mi son como el viento en contra que levanta un poco de tierra, de esa tierra que se te entra por los ojos, te los irrita y te hace saltar las lágrimas. Pero las madres mas ancestrales ya se han ido, las han muerto ya no están para consolarnos así que debemos lavarnos los ojos solos.
Y mientras miro el cubo luminoso y lúgubre que irradia mas miseria que alegría y que me presenta imágenes vanas que no pienso comprar voy tratando de dibujar esos parques que desbordaban de roces y de cantos y que aun muy entrada la noche me hacían cosquillas en los pies. Pero ya todo caducado y los sistemas me han obligado a no ser mas que ficción, a no ser mas que materia sin peso, sin perdón ni arribo, mientras vos te hinchas de placer abriendo la heladera y soñando con ese…vos sabes con que soñas. Pero yo no.
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Esa puta idea romántica que tenes me dispara, prefiero dos noches rojas y de muerte, antes que una vida explicada y cuidada. Son mentiras blancas y no me creo nada de lo que estos me digan, aunque a veces me seduce la idea de sentarme a reposar. Pero esto es otra cosa, así que mejor me tiro, me tiro y si es un desacierto después me aguanto el zumo de limón sin azúcar que va a caer de tu cien.
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No me estaba concentrando por que ese me acordaba del living prendido fuego, de los sillones incendiados mas azules que nunca; mientras nosotros solo nos contábamos las verdades y los lunares…pero nos dimos cuenta tarde de que esa tarde no iba a llegar. Pero seguimos igual, fingiendo que todo iba, que esto aquí, que esto acá. Total…
Así que habrá que hablar de esta forma con frases hechas esquivando los pedazos de cristal para no rajarnos la piel, para no cansarnos y dejarnos; tendremos que asumir que no hay mas fotos en llamas, que no hay mas verdades ni mas lunares, solo la languidez de saber y enfrentar que tengo que abrir la puerta sola y encima, no tengo llaves.
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La cuestión es poner un contrapeso para que lo otro caiga con fuerza hacia el lado opuesto, todo se trata de suplantar una mierda por otra. Así nuestra ética mediocre y nuestra conciencia se quedan falsamente tranquilas…da asco pero así se juega.
Lo más jugoso es enfrentarse y romperse la cara si hay que hacerlo o besarse con pura desmesura y agresividad si hay que hacerlo. De esa manera uno sabe con certeza de que esta hecho el contrincante. No hay más espíritu que el espíritu mismo por eso hay que buscarlo y no hay mas cadenas que la razón ilustre por eso hay que ahorcarla. Pero da igual por que siempre quedamos vos y yo con escoria desperdigada por el cerebro y todo por que no queremos asumir que somos unos encantadores infames.
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Unos bardos y unas ganas. La realidad es que no tengo donde apoyar mi cabeza igual que vos....¿Y porque habría de tenerlo? Si vos no lo tuviste. Y acá me ves con los ojos de vidrio y la garganta tiesa buscando ser un pedazo de tierra donde vos puedas apoyar los pies. Ya ni los poderes mas poderes pueden pujar sobre mi y hacerme desistir. Ya es tarde para remediar y temprano para llorar; nada mas querría saltar la pared y salvar mi pellejo o el tuyo…ya no se. Es que ni siquiera mis manos me permiten discar por que están sangradas debido a la desconfianza. De nuevo acá abajo todo esta para arriba, otra vez la nausea y aunque tus zapatos me escalen hasta la nuca ya nada tiene peso, solo mis pasados, apurados por cerrarse y sellarse. Y yo me arrepiento tanto de no haber agregado esa palabra, y también de haber usado esa que te gustaba tanto…
En este día mi mas sentido pésame, me hubiera gustado ser dios solo para que las astillas no te saltaran allí donde procede la sístole y la diástole como un sistema casi inclaudicable. Todos los días la ropa me queda mas grande y no estoy feliz; por que todo tiene dos lados y hay que saber mirarlos, por que todo tiene una razón y yo la quiero olfatear, por que hay una unidad que mis ojos fragmentados en mil partes no pueden encontrar y por que conseguir el sueño es mas difícil que buscarte. Por todo eso y más no soy feliz.
Quisiera odiar las razón y el orden como mis mas altos próceres, esos que están en mi cabeza para armarla y destrozarla, peor no puedo por que me brotan desde mi mas brutal naturaleza. A menudo no se como terminar pero no sabes lo satisfecha que estoy por haber tipiado mal y por error haber conseguido tan grande acierto.
-Mariana Zanino-
jueves, 10 de septiembre de 2009
Sueños Occisos.
Eso, que cubre nuestros ojos, así polvareda que pretende sacudir el anhelo de aquel que observa.
Así como siendo en fin una.
Flotantes figuras, unas de otras, flotantes fusionan, unas hacia otras siendo en fin, sin mayor exigencia, solo una.
Así el agua se deja ser nube, y de manera reciproca divierten, como cielo y horizonte, de imaginación e imagen.
Así como la anáfora hace a los más absurdos versos, el sentido menos ridículo.
Lo esperanzador, esta en lo admirado, esta en lo propuesto.
Así lo permitiera el conocimiento, sin mayores exigencias para el entender lo que se explica.
Luego llueve, se mojan las cabezas, se ablanda la tierra, se refugian las creaciones.
Luego vapor, y con aire desmedido respiran los refugiados.
Así fusionado, intranquilo, así planteado ni menos explicado.
Luego eso siendo solo una forma, ni completa, ni escasa es la capacidad de amar.
Ni menos animal, ni más asfixiado, sin más protocolo que los otros.
Luego eso, sin mas entender…. Lo residual, lo que siempre queda.
De este modo vagando, se limita la propuesta, del destino, del mío.
Del determinismo. Ahora somnoliento, casi adormecido.
¿Los destinos se proponen?, ¿los destinos se procuran?
Luego se inventa Dios, se cree, luego se sostiene.
Que beneficiosas homicidas pueden ser las revelaciones del razonamiento.
Son casi la mejor tentación entre la profundización y la superación de los temores.
Que mejor someterse a escribir sobre temas de borradores manchados.
Luego el juicio, y la suciedad de las bocas.
Luego el hablar.
Luego leer, sin perder la cordura.
Queriendo vivir, solo entendiendo vivir.
Airándose al espacio, caída libre.
Dejando hacerse nube, dando espacio para la lluvia.
Refugiarse primero, para provocar el refugio popular.
Porque sin querer aceptarlo, quizás la historia esta antes que el hombre.
Así lo permitiera el conocimiento, sin mayores exigencias para el entender lo que se explica.
Luego llueve, se mojan las cabezas, se ablanda la tierra, se refugian las creaciones.
Luego vapor, y con aire desmedido respiran los refugiados.
Así fusionado, intranquilo, así planteado ni menos explicado.
Luego eso siendo solo una forma, ni completa, ni escasa surge la capacidad, la humana, la inmortal, la de amar.
Simon Ruani.
Así como siendo en fin una.
Flotantes figuras, unas de otras, flotantes fusionan, unas hacia otras siendo en fin, sin mayor exigencia, solo una.
Así el agua se deja ser nube, y de manera reciproca divierten, como cielo y horizonte, de imaginación e imagen.
Así como la anáfora hace a los más absurdos versos, el sentido menos ridículo.
Lo esperanzador, esta en lo admirado, esta en lo propuesto.
Así lo permitiera el conocimiento, sin mayores exigencias para el entender lo que se explica.
Luego llueve, se mojan las cabezas, se ablanda la tierra, se refugian las creaciones.
Luego vapor, y con aire desmedido respiran los refugiados.
Así fusionado, intranquilo, así planteado ni menos explicado.
Luego eso siendo solo una forma, ni completa, ni escasa es la capacidad de amar.
Ni menos animal, ni más asfixiado, sin más protocolo que los otros.
Luego eso, sin mas entender…. Lo residual, lo que siempre queda.
De este modo vagando, se limita la propuesta, del destino, del mío.
Del determinismo. Ahora somnoliento, casi adormecido.
¿Los destinos se proponen?, ¿los destinos se procuran?
Luego se inventa Dios, se cree, luego se sostiene.
Que beneficiosas homicidas pueden ser las revelaciones del razonamiento.
Son casi la mejor tentación entre la profundización y la superación de los temores.
Que mejor someterse a escribir sobre temas de borradores manchados.
Luego el juicio, y la suciedad de las bocas.
Luego el hablar.
Luego leer, sin perder la cordura.
Queriendo vivir, solo entendiendo vivir.
Airándose al espacio, caída libre.
Dejando hacerse nube, dando espacio para la lluvia.
Refugiarse primero, para provocar el refugio popular.
Porque sin querer aceptarlo, quizás la historia esta antes que el hombre.
Así lo permitiera el conocimiento, sin mayores exigencias para el entender lo que se explica.
Luego llueve, se mojan las cabezas, se ablanda la tierra, se refugian las creaciones.
Luego vapor, y con aire desmedido respiran los refugiados.
Así fusionado, intranquilo, así planteado ni menos explicado.
Luego eso siendo solo una forma, ni completa, ni escasa surge la capacidad, la humana, la inmortal, la de amar.
Simon Ruani.
jueves, 27 de agosto de 2009
"Configuraciones"
Las aventuras, que se configuran desataron una noche el frío del insomnio
El sentirse tan lleno de humo que provocaba dolores, dolores tangibles.
Como durmiendo la vez ultima, sobre una piedra que mantenía el cuerpo frío.
Sentir la capacidad de despertar y salir en la búsqueda interminable del antídoto, al trajín semanal.
Con la capacidad de guardar la esperanza, que la cueva de los remedios hoy no esta en una conversación.
Y lleno de lágrimas esos ojos que no saben aclarar la vista, por las tormentas divisadas, en pasados oscuros, no se necesita de mas tiempo que la vida, para secarlos con las manos que sostienen a su vez un corazón en compota y casi debilitado.
Pero si los parlantes, la música, los libros y el entretenimiento, no puede abastecer el régimen de los murmurantes consejeros, que dibujan flechas en el asfalto para seguir, y llegar a una piedra fría y descansar el cuerpo sobre ella. Del día que ya se torno noche, y finalizar la configuración de una aventura.
Y aunque te sumerjan el cuerpo en alcohol en carne viva, y aunque eso haga arder hasta los sueños.
Y aunque no quede piedra sobre piedra.
Las aventuras configuradas, se pueden hacer hábito, y descansando sobre piedras frías puedes entender mejor.
Pero si los instantes se hacen rutinarios y sofocantes, la hipocresía se enreda en el pelo, y ya es tarde para pedirse perdón.
Y así los cigarrillos se hacen cenizas, el licor forma parte del aliento, las tijeras están lejos de las manos y los disfraces ya están demasiado viejos para ser usados.
Ya las mascaras no vienen al socorro de momentos preparados, para una puesta en escena de la vida en la calle.
Y se llenan los vacíos con la progeria cerebral, de un momento que se me ocurrió pensar los días de vida útil de un sentimiento.
Porque aunque no prestes atención, las marcas quedan, y las cicatrices se van y después vienen otra vez.
Porque aunque descanse en una piedra fría y relaje el cuerpo en un estallido de hervor, la actuación tiene que ser sagaz, para aventurarme a la configuración.
Se transforman los días en noches, como los amores en odios, como los hedores en aromas.
Entonces las horas corren, y los segundos casi no tienen piedad.
Los espíritus flotan sobre la cabeza enredada en pelos e hipocresía.
Y aunque cantautores varios quieran dejar en claro, cosas ridículas como optimización de los momentos, ya los licores siguen existiendo para beneficio de mis cansancios.
Los remedios ya no están en una conversación, ya seguir flechas del asfalto me queda corto y la ceguera me invade en los peores momentos.
Llegar a descansar se hace imperdonable.
No están las soluciones en una conversación, ya no es importante.
La gente se aflige y pasa desapercibida en los peores rincones de los oscuros lugares.
Y aunque no quede piedra sobre piedra, a veces las situaciones siguen en pie.
Los perdones siguen pendiente
Los sueños se postergan, como la carne viva arde sumergida en alcohol.
Las piedras descansan los cuerpos calientes.
Los licores pierden el sabor, y las cantidades ya ni se miden.
Los cigarrillos se hacen cenizas al igual que los hombres.
Las aventuras se configuran.
Simon Ruani.
El sentirse tan lleno de humo que provocaba dolores, dolores tangibles.
Como durmiendo la vez ultima, sobre una piedra que mantenía el cuerpo frío.
Sentir la capacidad de despertar y salir en la búsqueda interminable del antídoto, al trajín semanal.
Con la capacidad de guardar la esperanza, que la cueva de los remedios hoy no esta en una conversación.
Y lleno de lágrimas esos ojos que no saben aclarar la vista, por las tormentas divisadas, en pasados oscuros, no se necesita de mas tiempo que la vida, para secarlos con las manos que sostienen a su vez un corazón en compota y casi debilitado.
Pero si los parlantes, la música, los libros y el entretenimiento, no puede abastecer el régimen de los murmurantes consejeros, que dibujan flechas en el asfalto para seguir, y llegar a una piedra fría y descansar el cuerpo sobre ella. Del día que ya se torno noche, y finalizar la configuración de una aventura.
Y aunque te sumerjan el cuerpo en alcohol en carne viva, y aunque eso haga arder hasta los sueños.
Y aunque no quede piedra sobre piedra.
Las aventuras configuradas, se pueden hacer hábito, y descansando sobre piedras frías puedes entender mejor.
Pero si los instantes se hacen rutinarios y sofocantes, la hipocresía se enreda en el pelo, y ya es tarde para pedirse perdón.
Y así los cigarrillos se hacen cenizas, el licor forma parte del aliento, las tijeras están lejos de las manos y los disfraces ya están demasiado viejos para ser usados.
Ya las mascaras no vienen al socorro de momentos preparados, para una puesta en escena de la vida en la calle.
Y se llenan los vacíos con la progeria cerebral, de un momento que se me ocurrió pensar los días de vida útil de un sentimiento.
Porque aunque no prestes atención, las marcas quedan, y las cicatrices se van y después vienen otra vez.
Porque aunque descanse en una piedra fría y relaje el cuerpo en un estallido de hervor, la actuación tiene que ser sagaz, para aventurarme a la configuración.
Se transforman los días en noches, como los amores en odios, como los hedores en aromas.
Entonces las horas corren, y los segundos casi no tienen piedad.
Los espíritus flotan sobre la cabeza enredada en pelos e hipocresía.
Y aunque cantautores varios quieran dejar en claro, cosas ridículas como optimización de los momentos, ya los licores siguen existiendo para beneficio de mis cansancios.
Los remedios ya no están en una conversación, ya seguir flechas del asfalto me queda corto y la ceguera me invade en los peores momentos.
Llegar a descansar se hace imperdonable.
No están las soluciones en una conversación, ya no es importante.
La gente se aflige y pasa desapercibida en los peores rincones de los oscuros lugares.
Y aunque no quede piedra sobre piedra, a veces las situaciones siguen en pie.
Los perdones siguen pendiente
Los sueños se postergan, como la carne viva arde sumergida en alcohol.
Las piedras descansan los cuerpos calientes.
Los licores pierden el sabor, y las cantidades ya ni se miden.
Los cigarrillos se hacen cenizas al igual que los hombres.
Las aventuras se configuran.
Simon Ruani.
martes, 25 de agosto de 2009
A través de tus ojos- La portuaria
Yo puedo ver el mundo y comprender el paso de los días
Y entendernos sin palabras,
abrazando nuestro cómplice silencio
Tu risa vuelve el tiempo mas liviano y vulnerable
y pierden peso
Las cosas del mundo son mejores
A través de tu mirada
Donde corre el agua
Donde sopla el viento
Puedo ver a través de tus ojos
ya nada se detiene las cosas son distintas
Y atravesando un muro de viejas armaduras
Las formulas no tienen mas sentido
Tus ojos me despiertan si me quede dormido
Yo sueño tu futuro y lo vivo cada día
Y en cada cosa que hago
Vos siempre estas conmigo
Donde corre el agua
Donde sopla el viento
Puedo ver a través de tus ojos
Donde corre el agua
Donde duerme el tiempo
Puedo ver a través de tus ojos
Donde corre el agua
Donde sopla el viento
Puedo ver a través de tus ojos
Donde corre el agua
Donde duerme el tiempo
Puedo ver a través de tus ojos
aaaaa... así es, tal cual la canción lo dice! gracias por tanto narki! te amo...y quiero toda mi vida con vos! espero q te guste!
Y entendernos sin palabras,
abrazando nuestro cómplice silencio
Tu risa vuelve el tiempo mas liviano y vulnerable
y pierden peso
Las cosas del mundo son mejores
A través de tu mirada
Donde corre el agua
Donde sopla el viento
Puedo ver a través de tus ojos
ya nada se detiene las cosas son distintas
Y atravesando un muro de viejas armaduras
Las formulas no tienen mas sentido
Tus ojos me despiertan si me quede dormido
Yo sueño tu futuro y lo vivo cada día
Y en cada cosa que hago
Vos siempre estas conmigo
Donde corre el agua
Donde sopla el viento
Puedo ver a través de tus ojos
Donde corre el agua
Donde duerme el tiempo
Puedo ver a través de tus ojos
Donde corre el agua
Donde sopla el viento
Puedo ver a través de tus ojos
Donde corre el agua
Donde duerme el tiempo
Puedo ver a través de tus ojos
aaaaa... así es, tal cual la canción lo dice! gracias por tanto narki! te amo...y quiero toda mi vida con vos! espero q te guste!
viernes, 31 de julio de 2009
"SENTIDOS"
Entonces, corrió lejos para que se olvidaran del error.
Nadie entendió porque, de un momento para otro, lo primero que hizo fue reflexionar, aunque siempre se mantenía del otro lado de la ruta.
Nunca cruzaba, y a veces era de suponer que solo lo hacia para, seguir en la concentración pseudo autista, un poco en este mundo, y otro poco en el propio.
Ya no hay diferencia, casi ni distinguía la verdad de la mentira. Era sencillo, no hay mucho que describir. Era muy simple estaba del otro lado del camino, un poco triste, un poco feliz., y a veces lo mas parecido a lo humano eran sus gritos, sus gritos eran lo mas parecido a la gente. Un poco de soledad, un poco de compañía.
Le confundía de manera terrible lo que quería, pero sabia de manera terrible lo que debía
Es que estaba como inconciente, pero era muy común y corriente..
Era la engañosa verdad, de una vida irreal.
Es como el mismo reconocimiento de verse lejos.
Como perder una moneda y no saberlo.
Era sencillo, siempre estaba del otro lado de esa ruta.
Una vez en un ataque de conciencia, o de inconciencia desde mi parecer, quiso cruzar, ese camino que nos separaba, pero ¿Qué pensaría para hacerlo?
A veces la vida tenía tanto sentido, que se confundía o decepcionaba.
Era simple, aun seguía de su lado. Nunca hablamos, no hubo oportunidad para hacerlo. Nunca se me ocurriría hablarle, para recibir de respuesta el silencio…..no tenia sentido, pero seguía de ese lado.
De todos modos, ya entendía que el camino nos separaba…pero ¿Por qué no cruzaba?
A veces parecía persona, de todas formas mucho no lo era. Quizás le gustaba su lado.
Había que mirar de reojo para entender de qué se trataba, no tenia sentido mirarle la herida pseudo autista.
Disfrutaba de su silencio, pero cuando se parecía a la gente ya dejaba de disfrutar.
Cuando en una oportunidad quiso cruzar la ruta, sin explicación, sin necesidad, casi observándonos, se notaba su duda en la intención.
No querría hacerlo a menos que algo importante este de este lado. No tenia sentido ya que de este lado no había nada para que valga la pena cruzar…desde mi parecer.
Como tampoco había algo importante de su lado para que yo quisiera cruzar.
Yo ni siquiera lo dudaba, era certero que no lo haría.
En esa posición de egoísta, de la cual se veía que solo tomaba de este mundo algo y volvía al propio para digerirlo.
En una oportunidad, así de simple sin explicación quiso cruzar.., sin necesidad.
En ataque de estupidez casi lo intenta.
Casi observándonos, corrió lejos, para que se olvidaran del error, y no volvió.
Simon Ruani.
Nadie entendió porque, de un momento para otro, lo primero que hizo fue reflexionar, aunque siempre se mantenía del otro lado de la ruta.
Nunca cruzaba, y a veces era de suponer que solo lo hacia para, seguir en la concentración pseudo autista, un poco en este mundo, y otro poco en el propio.
Ya no hay diferencia, casi ni distinguía la verdad de la mentira. Era sencillo, no hay mucho que describir. Era muy simple estaba del otro lado del camino, un poco triste, un poco feliz., y a veces lo mas parecido a lo humano eran sus gritos, sus gritos eran lo mas parecido a la gente. Un poco de soledad, un poco de compañía.
Le confundía de manera terrible lo que quería, pero sabia de manera terrible lo que debía
Es que estaba como inconciente, pero era muy común y corriente..
Era la engañosa verdad, de una vida irreal.
Es como el mismo reconocimiento de verse lejos.
Como perder una moneda y no saberlo.
Era sencillo, siempre estaba del otro lado de esa ruta.
Una vez en un ataque de conciencia, o de inconciencia desde mi parecer, quiso cruzar, ese camino que nos separaba, pero ¿Qué pensaría para hacerlo?
A veces la vida tenía tanto sentido, que se confundía o decepcionaba.
Era simple, aun seguía de su lado. Nunca hablamos, no hubo oportunidad para hacerlo. Nunca se me ocurriría hablarle, para recibir de respuesta el silencio…..no tenia sentido, pero seguía de ese lado.
De todos modos, ya entendía que el camino nos separaba…pero ¿Por qué no cruzaba?
A veces parecía persona, de todas formas mucho no lo era. Quizás le gustaba su lado.
Había que mirar de reojo para entender de qué se trataba, no tenia sentido mirarle la herida pseudo autista.
Disfrutaba de su silencio, pero cuando se parecía a la gente ya dejaba de disfrutar.
Cuando en una oportunidad quiso cruzar la ruta, sin explicación, sin necesidad, casi observándonos, se notaba su duda en la intención.
No querría hacerlo a menos que algo importante este de este lado. No tenia sentido ya que de este lado no había nada para que valga la pena cruzar…desde mi parecer.
Como tampoco había algo importante de su lado para que yo quisiera cruzar.
Yo ni siquiera lo dudaba, era certero que no lo haría.
En esa posición de egoísta, de la cual se veía que solo tomaba de este mundo algo y volvía al propio para digerirlo.
En una oportunidad, así de simple sin explicación quiso cruzar.., sin necesidad.
En ataque de estupidez casi lo intenta.
Casi observándonos, corrió lejos, para que se olvidaran del error, y no volvió.
Simon Ruani.
sábado, 11 de julio de 2009
REFLEXIONES Y CERTEZAS.
Solo pienso…., yo opino, que la certeza de estar vivos solo puede ser vivir.
Solo pienso…., yo opino, que lo único que sabemos es que estamos vivos.
Sin certeza…., yo opino, que pensamos por estar vivos.
Sin certeza me imagino que opino con ganas de no errar.
Si, entonces nadie sabe cuando empezó la vida.
Solo pienso…., yo opino, que somos infinitos.
Con certeza me imagino que nadie sabe cuando termina el vivir.
Sin saber que es profesar me arriesgo a opinar
Que nadie sabe cuando acaba, lo que no se, cuando se dio a iniciar.
¡Que menos sabe el que profesa el fin de la vida!
Si lo eterno no esta entre segmentos.
¡Que menos sabe el que profesa el fin de la vida!
Si no entienden de morir.
Que certeza más errada nacer para vivir, y decir que la vida tiene fin.
Buscando las certezas, para saber de lo durable, me encontré en el error,
De que tan eternos podemos ser?
No hay certeza de comienzo, no hay certeza de final.
No hay certeza del error, de ser la eternidad.
Simon Ruani.
Solo pienso…., yo opino, que lo único que sabemos es que estamos vivos.
Sin certeza…., yo opino, que pensamos por estar vivos.
Sin certeza me imagino que opino con ganas de no errar.
Si, entonces nadie sabe cuando empezó la vida.
Solo pienso…., yo opino, que somos infinitos.
Con certeza me imagino que nadie sabe cuando termina el vivir.
Sin saber que es profesar me arriesgo a opinar
Que nadie sabe cuando acaba, lo que no se, cuando se dio a iniciar.
¡Que menos sabe el que profesa el fin de la vida!
Si lo eterno no esta entre segmentos.
¡Que menos sabe el que profesa el fin de la vida!
Si no entienden de morir.
Que certeza más errada nacer para vivir, y decir que la vida tiene fin.
Buscando las certezas, para saber de lo durable, me encontré en el error,
De que tan eternos podemos ser?
No hay certeza de comienzo, no hay certeza de final.
No hay certeza del error, de ser la eternidad.
Simon Ruani.
viernes, 12 de junio de 2009
“Migración”.
Hoy, cuando las ideas te quedan grandes.
Cuando se ve claro que no hay talle para los sueños.
Sientes ser parte, pero sin ser dueño.
Ya se van, ya marcharon las pasiones.
Ya se van, ya no vuelven.
Y que viajen, y que pierdan.
¿Se acaba antes la esperanza, que las tintas y las hojas?
Y que pierdan, o se pierdan.
¿Hay sequía de alegrías para poetas de ideas locas?
En las ciudades, se agotaron los lugares, para amores.
Versos o pasiones.
Ya le sellan la boca al pensante, y triste se ven sus andares.
De discursos memorizados.
De ideales modificados.
Ya comenzó la migración de textos o literatos.
Que protegen los bellos versos, o los arrebatan de sus manos.
¿En donde se esconden, los que migran?
¿Cuánto papel queman, para guardar sus sueños?
Buscaran la libertad y quizás hasta caigan presos.
No hay leyes que protejan a los dueños del ingenio.
No hay amarras que detengan a estas voces del ingenio.
Que no muera el arte, que no se acabe el pan.
Que busquen los ojos, y que encuentren paz.
No privilegies.
No seas persona…, tan solo se un poco mas.
Tan solo ser, un poco mas.
Y las personas y sus rostros son un cartel luminoso.
En este mundo que se viste de negro.
Seria enemigo el que se viste rojo
Ya los tobillos de los libres sangran las cadenas.
Espíritu de alas rotas en un mundo de guerras.
Enredando los pensamientos, para que estén desordenados
Y no ser un psicópata de la coherencia.
¿Pasar desapercibido en la existencia?
Creyendo disfrutar del claustro.
Fingiendo el papel de esclavo.
Creyendo ser lo que no somos.
Hasta el punto terrible de no ser.
Simon Ruani.
(Dedicado a esos muertos).
Cuando se ve claro que no hay talle para los sueños.
Sientes ser parte, pero sin ser dueño.
Ya se van, ya marcharon las pasiones.
Ya se van, ya no vuelven.
Y que viajen, y que pierdan.
¿Se acaba antes la esperanza, que las tintas y las hojas?
Y que pierdan, o se pierdan.
¿Hay sequía de alegrías para poetas de ideas locas?
En las ciudades, se agotaron los lugares, para amores.
Versos o pasiones.
Ya le sellan la boca al pensante, y triste se ven sus andares.
De discursos memorizados.
De ideales modificados.
Ya comenzó la migración de textos o literatos.
Que protegen los bellos versos, o los arrebatan de sus manos.
¿En donde se esconden, los que migran?
¿Cuánto papel queman, para guardar sus sueños?
Buscaran la libertad y quizás hasta caigan presos.
No hay leyes que protejan a los dueños del ingenio.
No hay amarras que detengan a estas voces del ingenio.
Que no muera el arte, que no se acabe el pan.
Que busquen los ojos, y que encuentren paz.
No privilegies.
No seas persona…, tan solo se un poco mas.
Tan solo ser, un poco mas.
Y las personas y sus rostros son un cartel luminoso.
En este mundo que se viste de negro.
Seria enemigo el que se viste rojo
Ya los tobillos de los libres sangran las cadenas.
Espíritu de alas rotas en un mundo de guerras.
Enredando los pensamientos, para que estén desordenados
Y no ser un psicópata de la coherencia.
¿Pasar desapercibido en la existencia?
Creyendo disfrutar del claustro.
Fingiendo el papel de esclavo.
Creyendo ser lo que no somos.
Hasta el punto terrible de no ser.
Simon Ruani.
(Dedicado a esos muertos).
lunes, 8 de junio de 2009
“Incoherente amargura trascendental”.
Recuerdos….recuerdos, memorias tuyas y memorias mías. Decisiones y caminos.
Gente vacía y gente llena.
Razas humanas y de perros.
¿Lluvia de pensamientos o huracán de ira asesina?
Amargura o tristeza, nostalgia triste o llena de felicidad flagelada.
¿Evolución humana?, o pantomima del progreso, que siempre se confunde con avance.
Sr.Martin:_”Se puede demostrar que el progreso social esta mucho mejor con azúcar”.
Sra.Smith:_”No se hablar bien español como para hacerme entender”.
Ganas de hablar o ganas de escuchar, quizás un poco mas…tan solo un poco, y de nuestro egoísta cerebrito ejecutivo por fin salga la formula, ganas de hablar para escucharme.
Amargura que solo se duerme pero vive latente dentro nuestro, y caminamos despacio y cautelosos, solo para no despertarla, solo amargura dormida, que cada tanto se levanta para jugar a reírse de mi, para humillarnos. Para golpear tus pensamientos….., para golpear los míos también.
Fabriquita de oscuridades, para que tanta luz no nos deje ciegos, talvez ya ciegos pero con mucha luz.
¿Cómo disfruta el egoísta?
Amargura descriptible, como la expresión de un rostro al instante de terminar de leer un verso blanco.
Resentimiento humano desayuno de las amarguras, incluso su tic-tac. Vergüenza que cuando creas personajes, hasta el punto de protegerlos, ese coherente que tiene cada uno escondido, en el salón de la vergüenza.
Sr.Martin:_”El papel es para escribir, el gato para la rata, y el queso para echarle a la zarpa”.
¿Que sabor tiene el orgasmo de un egoísta?, ¡individualismo glorioso!
Egoísmo cabron, disculpas condescendientes… ¡egoísmo cabron!
No vale mas la pena arrullar a la amargura, me canse que duerma, ¡que despierte y me haga pedazos!
Que despierte talvez y latiguee tus deseos, que despierte y se enfrente a esgrima con tus sueños.
Sociedad llena de papeles, y de ratones para el queso…ese queso que esta en la zarpa y no lo saben. ¿No lo saben?, quizás quieren el queso, no importa ya la zarpa.
Sr.Smith:_”No sean pavos y abracen al conspirador”.
Yo creo que si tengo que aconsejar, me gustaría revolcarme con la amargura solo un momento…, quizás le guste la situación y me quede solo llorando…. Llorando solamente.
Sra.Martin:_”Prefiero un pájaro en el campo que un calcetín en una carretilla”.
Abracen al conspirador.
Huf...... amargura no despiertes hoy, estoy cansado de solo pensarte.
Sra.Smith:_”Espero que el acueducto venga verme en mi molino”.
Sr.Martin:_”En mi casa ya vienen a verme muchos.”
Entonces prefiero, el pájaro libre y guardarme la amargura..., esa tan trascendental. Espero que cuando despierte pueda estar ahí para mirarla.
Ruani Simon.
Gente vacía y gente llena.
Razas humanas y de perros.
¿Lluvia de pensamientos o huracán de ira asesina?
Amargura o tristeza, nostalgia triste o llena de felicidad flagelada.
¿Evolución humana?, o pantomima del progreso, que siempre se confunde con avance.
Sr.Martin:_”Se puede demostrar que el progreso social esta mucho mejor con azúcar”.
Sra.Smith:_”No se hablar bien español como para hacerme entender”.
Ganas de hablar o ganas de escuchar, quizás un poco mas…tan solo un poco, y de nuestro egoísta cerebrito ejecutivo por fin salga la formula, ganas de hablar para escucharme.
Amargura que solo se duerme pero vive latente dentro nuestro, y caminamos despacio y cautelosos, solo para no despertarla, solo amargura dormida, que cada tanto se levanta para jugar a reírse de mi, para humillarnos. Para golpear tus pensamientos….., para golpear los míos también.
Fabriquita de oscuridades, para que tanta luz no nos deje ciegos, talvez ya ciegos pero con mucha luz.
¿Cómo disfruta el egoísta?
Amargura descriptible, como la expresión de un rostro al instante de terminar de leer un verso blanco.
Resentimiento humano desayuno de las amarguras, incluso su tic-tac. Vergüenza que cuando creas personajes, hasta el punto de protegerlos, ese coherente que tiene cada uno escondido, en el salón de la vergüenza.
Sr.Martin:_”El papel es para escribir, el gato para la rata, y el queso para echarle a la zarpa”.
¿Que sabor tiene el orgasmo de un egoísta?, ¡individualismo glorioso!
Egoísmo cabron, disculpas condescendientes… ¡egoísmo cabron!
No vale mas la pena arrullar a la amargura, me canse que duerma, ¡que despierte y me haga pedazos!
Que despierte talvez y latiguee tus deseos, que despierte y se enfrente a esgrima con tus sueños.
Sociedad llena de papeles, y de ratones para el queso…ese queso que esta en la zarpa y no lo saben. ¿No lo saben?, quizás quieren el queso, no importa ya la zarpa.
Sr.Smith:_”No sean pavos y abracen al conspirador”.
Yo creo que si tengo que aconsejar, me gustaría revolcarme con la amargura solo un momento…, quizás le guste la situación y me quede solo llorando…. Llorando solamente.
Sra.Martin:_”Prefiero un pájaro en el campo que un calcetín en una carretilla”.
Abracen al conspirador.
Huf...... amargura no despiertes hoy, estoy cansado de solo pensarte.
Sra.Smith:_”Espero que el acueducto venga verme en mi molino”.
Sr.Martin:_”En mi casa ya vienen a verme muchos.”
Entonces prefiero, el pájaro libre y guardarme la amargura..., esa tan trascendental. Espero que cuando despierte pueda estar ahí para mirarla.
Ruani Simon.
sábado, 6 de junio de 2009
HONR-RISMO.
Que mas sino para sentirse honrado, que la misma necesidad de otra persona, que vea en nosotros, las cualidades para lograr ser porfin los receptores del homenaje. Asi poder manejar esa podrida y doble coincidencia del ser los miserables, seres vacios que esperan sentirse llenos de algun "ismo"..., y que?!! ,¡que!.... Que pasa si es algo que permite hacerlos sentir vivos!, ese nose que..., (que quizas si lo se), que hace correr la sangre, que a su vez le da energia al reloj de vida.
OOH.. miserable reloj de vida, que al que duerme, obliga a recordarlo, a sentirlo, a escucharlo, que nunca me olvide de el.
Cabron reloj que me recuarda que si hay algo que cambiar, me pide que sea ahora y no cuando duerma.
Que no podemos dormir, porque durmiendo me traicionara. Solo que despierto dormire en la tardanza, y lo unico que conseguire es postergar la traicion evidente.
No te duermas si el reloj te avisa que en tus manos quedo un cambio pendiente.
Quizas cuando duermes con las manos llenas no honras ni al reloj traicionero, ni a la cama que te separa de la suciedad.
No fracases en el exito de las manos llenas, ni te regosijes de la perdida de dormir, con ellas.
No traiciones a la traicion, no duermas con manos llenas.
Que no te encuentre la traicion ni el reloj avisandote de cosas por hacer, o de mugre en tus manos.
Que mas sentirse honrado...que mas si no saber que necesito de otro!!, de otro que entienda de tener un reloj de vida, que te duermes con manos llenas y no duda en traicionarte.
Y entendiendo del exito de encontrar al otro, fracaso.
Traicion por igual de ese reloj que quizas duermas con manos limpias y vacias. Rara vida con reloj.
Agotando alternativas quizas, nunca sea receptor del homenaje, y es entonces cuando....
Sera entonces cuando la fabula del animal humano no tendra moraleja, ya no hay nada que aprender, o para sentirnos honrados somos mal-educados.
Victima el humano de aprender a honrar, si los vivos y los muertos creemos en lo mismo.
No te duermas con las manos llenas, podrida victima el humano de dormir tarde o temprano, y victima el animal humano de ser traicionado por un reloj, y vicitma el animal humano de fracasar en el exito.
Y victima de las reglas, del espiritu y del honrar.
Y victima del animalismo humano, del humanismo animal, y del ismo de honrarse.
o
fracasar.
colaboracion:. Simon. Ruani.
OOH.. miserable reloj de vida, que al que duerme, obliga a recordarlo, a sentirlo, a escucharlo, que nunca me olvide de el.
Cabron reloj que me recuarda que si hay algo que cambiar, me pide que sea ahora y no cuando duerma.
Que no podemos dormir, porque durmiendo me traicionara. Solo que despierto dormire en la tardanza, y lo unico que conseguire es postergar la traicion evidente.
No te duermas si el reloj te avisa que en tus manos quedo un cambio pendiente.
Quizas cuando duermes con las manos llenas no honras ni al reloj traicionero, ni a la cama que te separa de la suciedad.
No fracases en el exito de las manos llenas, ni te regosijes de la perdida de dormir, con ellas.
No traiciones a la traicion, no duermas con manos llenas.
Que no te encuentre la traicion ni el reloj avisandote de cosas por hacer, o de mugre en tus manos.
Que mas sentirse honrado...que mas si no saber que necesito de otro!!, de otro que entienda de tener un reloj de vida, que te duermes con manos llenas y no duda en traicionarte.
Y entendiendo del exito de encontrar al otro, fracaso.
Traicion por igual de ese reloj que quizas duermas con manos limpias y vacias. Rara vida con reloj.
Agotando alternativas quizas, nunca sea receptor del homenaje, y es entonces cuando....
Sera entonces cuando la fabula del animal humano no tendra moraleja, ya no hay nada que aprender, o para sentirnos honrados somos mal-educados.
Victima el humano de aprender a honrar, si los vivos y los muertos creemos en lo mismo.
No te duermas con las manos llenas, podrida victima el humano de dormir tarde o temprano, y victima el animal humano de ser traicionado por un reloj, y vicitma el animal humano de fracasar en el exito.
Y victima de las reglas, del espiritu y del honrar.
Y victima del animalismo humano, del humanismo animal, y del ismo de honrarse.
o
fracasar.
colaboracion:. Simon. Ruani.
sábado, 30 de mayo de 2009
CERTIFICADO DE EXISTENCIA
Te lo regalo Licho...espero q te guste y te sacuda un poco jeje! uffff! es buenoo!
Certifiacdo de existencia
Ah! ¿quién me salvara de existir?
Fernando Pessoa
Dijo el fulano presuntuoso /
hoy en el consulado
obtuve el habitual
certificado de existencia
consta aquí que estoy vivo
de manera que basta de calumnias
este papel soberbio / irrefutable
atestigua que existo
si me enfrento al espejo y mi rostro no está
si me enfrento al espejo y mi rostro no está
aguantaré sereno
despejado
¿no llevo acaso en la cartera
mi recién adquirido
mi flamante
certificado de existencia?
vivir / después de todo
no es tan fundamental
lo importante es que alguien
debidamente autorizado
certifique que uno
probadamente existe
cuando abro el diario y leo
mi propia necrológica
me apena que no sepan
que estoy en condiciones
de mostrar dondequiera
y a quien sea
un vigente prolijo y minucioso
certificado de existencia
existo
luego pienso
¿cuántos zutanos andan por la calle
creyendo que están vivos
cuando en rigor carecen del genuino
irremplazable
soberano
certificado de existencia?
Mario Benedetti.
viernes, 24 de abril de 2009
Gracias...
Esto pasa por comer demasiada mandarina....espero q les guste!
DICOTOMÍA INCRUENTA
Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.
Oliverio Girondo
DICOTOMÍA INCRUENTA
Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.
Oliverio Girondo
sábado, 4 de abril de 2009
.........
no comment...
CHAU NÚMERO TRES
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote
Mario Benedetti
CHAU NÚMERO TRES
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote
Mario Benedetti
sábado, 14 de marzo de 2009
Carta a una senñorita en París
Dejo esto...es un poco largo pero vale la pena. Es uno de mis favoritos, necesite meses para recuperarme ufff!!! espero q les surta el mismo efecto!, o mejor no...
Carta a una senñorita en París
Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar... Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafio me pase por los ojos como un bando de gorriones.
Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a mí a alguna otra casa donde quizá... Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enteraría; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve.
Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible. Pero hice las maletas, avisé a la mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sentí que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privacía total. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose.
Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas.
Entre el primero y segundo piso, Andrée, como un anuncio de lo que sería mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso) porque antes de dejar mi casa, sólo dos días antes, había vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte. Mire usted, yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos. Sembraba trébol en el balcón de mi otra casa, vomitaba un conejito, lo ponía en el trébol y al cabo de un mes, cuando sospechaba que de un momento a otro... entonces regalaba el conejo ya crecido a la señora de Molina, que creía en un hobby y se callaba. Ya en otra maceta venía creciendo un trébol tierno y propicio, yo aguardaba sin preocupación la mañana en que la cosquilla de una pelusa subiendo me cerraba la garganta, y el nuevo conejito repetía desde esa hora la vida y las costumbres del anterior. Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método. Usted querrá saber por qué todo ese trabajo, por qué todo ese trébol y la señora de Molina. Hubera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta.
Me decidí, con todo, a matar el conejito apenas naciera. Yo viviría cuatro meses en su casa: cuatro —quizá, con suerte, tres— cucharadas de alcohol en el hocico. (¿Sabe usted que la misericordia permite matar instantáneamente a un conejito dándole a beber una cucharada de alcohol? Su carne sabe luego mejor, dicen, aun—que yo... Tres o cuatro cucharadas de alcohol, luego el cuarto de baño o un piquete sumándose a los desechos.)
Al cruzar el tercer piso el conejito se movía en mi mano abierta. Sara esperaba arriba, para ayudarme a entrar las valijas... ¿Cómo explicarle que un capricho, una tienda de animales? Envolví el conejito en mi pañuelo, lo puse en el bolsillo del sobretodo dejando el sobretodo suelto para no oprimirlo. Apenas se movía. Su menuda conciencia debía estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un click final, y que es también un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a Lavanda, en el fondo de un pozo tibio.
Sara no vio nada, la fascinaba demasiado el arduo problema de ajustar su sentido del orden a mi valija—ropero, mis papeles y mi displicencia ante sus elaboradas explicaciones donde abunda la expresión «por ejemplo». Apenas pudee me encerré en el baño; matarlo ahora. Una fina zona de calor rodeaba el pañuelo, el conejito era blanquísimo y creo que más lindo que los otros. No me miraba, solamente bullía y estaba contento, lo que era el más horrible modo de mirarme. Lo encerré en el botiquín vacío y me volví para desempacar, desorientado pero no infeliz, no culpable, no jabonándome las manos para quitarles una última convulsión.
Comprendí que no podía matarlo. Pero esa misma noche vomité un conejito negro. Y dos días después uno blanco. Y a la cuarta noche un conejito gris.
Usted ha de amar el bello armario de su dormitorio, con la gran puerta que se abre generosa, las tablas vacías a la espera de mi ropa. Ahora los tengo ahí. Ahí dentro. Verdad que parece imposible; ni Sara lo creería. Porque Sara nada sospecha, y el que no sospeche nada procede de mi horrible tarea, una tarea que se lleva mis días y mis noches en un solo golpe de rastrillo y me va calcinando por dentro y endureciendo como esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la bañera y que a cada baño parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de la profundidad.
día duermen. Hay diez. De día duermen. Con la puerta cerrada, el armario es una noche diurna solamente para ellos, allí duermen su noche con sosegada obediencia. Me llevo las llaves del dormitorio al partir a mi empleo. Sara debe creer que desconfío de su honradez y me mira dubitativa, se le ve todas las mañanas que está por decirme algo, pero al final se calla y yo estoy tan contento. (Cuando arregla el dormitorio, de nueve a diez, hago ruido en el salón, pongo un disco de Benny Carter que ocupa toda la atmósfera, y como Sara es también amiga de saetas y pasodobles, el armario parece silencioso y acaso lo esté, porque para los conejitos transcurre ya la noche y el descanso.)
Su día principia a esa hora que sigue a la cena, cuando Sara se lleva la bandeja con un menudo tintinear de tenacillas de azúcar, me desea buenas noches —sí, me las desea, Andrée, lo más amargo es que me desea las buenas noches— y se encierra en su cuarto y de pronto estoy yo solo, solo con el armario condenado, solo con mi deber y mi tristeza.
Los dejo salir, lanzarse ágiles al asalto del salón, oliendo vivaces el trébol que ocultaban mis bolsillos y ahora hace en la alfombra efímeras puntillas que ellos alteran, remueven, acaban en un momento. Comen bien, callados y correctos, hasta ese instante nada tengo que decir, los miro solamente desde el sofá, con un libro inútil en la mano —yo que quería leerme todos sus Giraudoux, Andrée, y la historia argentina de López que tiene usted en el anaquel más bajo—; y se comen el trébol.
Son diez. Casi todos blancos. Alzan la tibia cabeza hacia las lámparas del salón, los tres soles inmóviles de su día, ellos que aman la luz porque su noche no tiene luna ni estrellas ni faroles. Miran su triple sol y están contentos. Así es que saltan por la alfombra, a las sillas, diez manchas livianas se trasladan como una moviente constelación de una parte a otra, mientras yo quisiera verlos quietos, verlos a mis pies y quietos —un poco el sueño de todo dios, Andrée, el sueño nunca cumplido de los dioses—, no así insinuándose detrás del retrato de Miguel de Unamuno, en torno al jarrón verde claro, por la negra cavidad del escritorio, siempre menos de diez, siempre seis u ocho y yo preguntándome dónde andarán los dos que faltan, y si Sara se levantara por cualquier cosa, y la presidencia de Rivadavia que yo quería leer en la historia de López.
No sé cómo resisto, Andrée. Usted recuerda que vine a descansar a su casa. No es culpa mía si de cuando en cuando vomito un conejito, si esta mudanza me alteró también por dentro —no es nominalismo, no es magia, solamente que las cosas no se pueden variar así de pronto, a veces las cosas viran brutalmente y cuando usted esperaba la bofetada a la derecha—. Así, Andrée, o de otro modo, pero siempre así.
Le escribo de noche. Son las tres de la tarde, pero le escribo en la noche de ellos. De día duermen ¡ Qué alivio esta oficina cubierta de gritos, órdenes, máquinas Royal, vicepresidentes y mimeógrafos! Qué alivio, qué paz, qué horror, Andrée! Ahora me llaman por teléfono, son los amigos que se inquietan por mis noches recoletas, es Luis que me invita a caminar o Jorge que me guarda un concierto. Casi no me atrevo a decirles que no, invento prolongadas e ineficaces historias de mala salud, de traducciones atrasadas, de evasión Y cuando regreso y subo en el ascensor ese tramo, entre el primero y segundo piso me formulo noche a noche irremediablemente la vaina esperanza de que no sea verdad.
Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas. Han roído un poco los libros del anaquel más bajo, usted los encontrará disimulados para que Sara no se dé cuenta. ¿Quería usted mucho su lámpara con el vientre de porcelana lleno de mariposas y caballeros antiguos? El trizado apenas se advierte, toda la noche trabajé con un cemento especial que me vendieron en una casa inglesa —usted sabe que las casas inglesas tienen los mejores cementos— y ahora me quedo al lado para que ninguno la alcance otra vez con las patas (es casi hermoso ver cómo les gusta pararse, nostalgia de lo humano distante, quizá imitación de su dios ambulando y mirándolos hosco; además usted habrá advertido —en su infancia, quizá— que se puede dejar a un conejito en penitencia contra la pared, parado, las patitas apoyadas y muy quieto horas y horas).
A las cinco de la mañana (he dormido un poco, tirado en el sofá verde y despertándome a cada carrera afelpada, a cada tintineo) los pongo en el armario y hago la limpieza. Por eso Sara encuentra todo bien aunque a veces le he visto algún asombro contenido, un quedarse mirando un objeto, una leve decoloración en la alfombra y de nuevo el deseo de preguntarme algo, pero yo silbando las variaciones sinfónicas de Franck, de manera que nones. Para qué contarle, Andrée, las minucias desventuradas de ese amanecer sordo y vegetal, en que camino entredormido levantando cabos de trébol, hojas sueltas, pelusas blancas, dándome contra los muebles, loco de sueño, y mi Gide que se atrasa, Troyat que no he traducido, y mis respuestas a una señora lejana que estará preguntándose ya si... para qué seguir todo esto, para qué seguir esta carta que escribo entre teléfonos y entrevistas.
Andrée, querida Andrée, mi consuelo es que son diez y ya no más. Hace quince días contuve en la palma de la mano un último conejito, después nada, solamente los diez conmigo, su diurna noche y creciendo, ya feos y naciéndoles el pelo largo, ya adolescentes y llenos de urgencias y caprichos, saltando sobre el busto de Antinoo (¿es Antinoo, verdad, ese muchacho que mira ciegamente?) o perdiéndose en el living, donde sus movimientos crean ruidos resonantes, tanto que de allí debo echarlos por miedo a que los oiga Sara y se me aparezca horripilada, tal vez en camisón —porque Sara ha de ser así, con camisón— y entonces... Solamente diez, piense usted esa pequeña alegría que tengo en medio de todo, la creciente calma con que franqueo de vuelta los rígidos cielos del primero y el segundo piso.
Interrumpí esta carta porque debía asistir a una tarea de comisiones. La continúo aquí en su casa, Andrée, bajo una sorda grisalla de amanecer. ¿Es de veras el día siguiente, Andrée? Un trozo en blanco de la página será para usted el intervalo, apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy. Decirle que en ese intervalo todo se ha roto, donde mira usted el puente fácil oigo yo quebrarse la cintura furiosa del agua, para mí este lado del papel, este lado de mi carta no continúa la calma con que venía yo escribiéndole cuando la dejé para asistir a una tarea de comisiones. En su cúbica noche sin tristeza duermen once conejitos; acaso ahora mismo, pero no, no ahora — En el ascensor, luego, o al entrar; ya no importa dónde, si el cuándo es ahora, si puede ser en cualquier ahora de los que me quedan.
Basta ya, he escrito esto porque me importa probarle que no fui tan culpable en el destrozo insalvable de su casa. Dejaré esta carta esperándola, sería sórdido que el correo se la entregara alguna clara mañana de París. Anoche di vuelta los libros del segundo estante, alcanzaban ya a ellos, parándose o saltando, royeron los lomos para afilarse los dientes —no por hambre, tienen todo el trébol que les compro y almaceno en los cajones del escritorio. Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, el borde del autorretrato de Augusto Torres, llenaron de pelos la alfombra y también gritaron, estuvieron en círculo bajo la luz de la lámpara, en círculo y como adorándome, y de pronto gritaban, gritaban como yo no creo que griten los conejos.
He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario. El día sube, tal vez Sara se levante pronto. Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca de juguetes. No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo... En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce que serán trece. Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más. Está este balcón sobre Suipacha lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad. No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.
Carta a una senñorita en París
Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar... Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafio me pase por los ojos como un bando de gorriones.
Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a mí a alguna otra casa donde quizá... Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enteraría; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve.
Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible. Pero hice las maletas, avisé a la mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sentí que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privacía total. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose.
Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas.
Entre el primero y segundo piso, Andrée, como un anuncio de lo que sería mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso) porque antes de dejar mi casa, sólo dos días antes, había vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte. Mire usted, yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos. Sembraba trébol en el balcón de mi otra casa, vomitaba un conejito, lo ponía en el trébol y al cabo de un mes, cuando sospechaba que de un momento a otro... entonces regalaba el conejo ya crecido a la señora de Molina, que creía en un hobby y se callaba. Ya en otra maceta venía creciendo un trébol tierno y propicio, yo aguardaba sin preocupación la mañana en que la cosquilla de una pelusa subiendo me cerraba la garganta, y el nuevo conejito repetía desde esa hora la vida y las costumbres del anterior. Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método. Usted querrá saber por qué todo ese trabajo, por qué todo ese trébol y la señora de Molina. Hubera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta.
Me decidí, con todo, a matar el conejito apenas naciera. Yo viviría cuatro meses en su casa: cuatro —quizá, con suerte, tres— cucharadas de alcohol en el hocico. (¿Sabe usted que la misericordia permite matar instantáneamente a un conejito dándole a beber una cucharada de alcohol? Su carne sabe luego mejor, dicen, aun—que yo... Tres o cuatro cucharadas de alcohol, luego el cuarto de baño o un piquete sumándose a los desechos.)
Al cruzar el tercer piso el conejito se movía en mi mano abierta. Sara esperaba arriba, para ayudarme a entrar las valijas... ¿Cómo explicarle que un capricho, una tienda de animales? Envolví el conejito en mi pañuelo, lo puse en el bolsillo del sobretodo dejando el sobretodo suelto para no oprimirlo. Apenas se movía. Su menuda conciencia debía estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un click final, y que es también un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a Lavanda, en el fondo de un pozo tibio.
Sara no vio nada, la fascinaba demasiado el arduo problema de ajustar su sentido del orden a mi valija—ropero, mis papeles y mi displicencia ante sus elaboradas explicaciones donde abunda la expresión «por ejemplo». Apenas pudee me encerré en el baño; matarlo ahora. Una fina zona de calor rodeaba el pañuelo, el conejito era blanquísimo y creo que más lindo que los otros. No me miraba, solamente bullía y estaba contento, lo que era el más horrible modo de mirarme. Lo encerré en el botiquín vacío y me volví para desempacar, desorientado pero no infeliz, no culpable, no jabonándome las manos para quitarles una última convulsión.
Comprendí que no podía matarlo. Pero esa misma noche vomité un conejito negro. Y dos días después uno blanco. Y a la cuarta noche un conejito gris.
Usted ha de amar el bello armario de su dormitorio, con la gran puerta que se abre generosa, las tablas vacías a la espera de mi ropa. Ahora los tengo ahí. Ahí dentro. Verdad que parece imposible; ni Sara lo creería. Porque Sara nada sospecha, y el que no sospeche nada procede de mi horrible tarea, una tarea que se lleva mis días y mis noches en un solo golpe de rastrillo y me va calcinando por dentro y endureciendo como esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la bañera y que a cada baño parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de la profundidad.
día duermen. Hay diez. De día duermen. Con la puerta cerrada, el armario es una noche diurna solamente para ellos, allí duermen su noche con sosegada obediencia. Me llevo las llaves del dormitorio al partir a mi empleo. Sara debe creer que desconfío de su honradez y me mira dubitativa, se le ve todas las mañanas que está por decirme algo, pero al final se calla y yo estoy tan contento. (Cuando arregla el dormitorio, de nueve a diez, hago ruido en el salón, pongo un disco de Benny Carter que ocupa toda la atmósfera, y como Sara es también amiga de saetas y pasodobles, el armario parece silencioso y acaso lo esté, porque para los conejitos transcurre ya la noche y el descanso.)
Su día principia a esa hora que sigue a la cena, cuando Sara se lleva la bandeja con un menudo tintinear de tenacillas de azúcar, me desea buenas noches —sí, me las desea, Andrée, lo más amargo es que me desea las buenas noches— y se encierra en su cuarto y de pronto estoy yo solo, solo con el armario condenado, solo con mi deber y mi tristeza.
Los dejo salir, lanzarse ágiles al asalto del salón, oliendo vivaces el trébol que ocultaban mis bolsillos y ahora hace en la alfombra efímeras puntillas que ellos alteran, remueven, acaban en un momento. Comen bien, callados y correctos, hasta ese instante nada tengo que decir, los miro solamente desde el sofá, con un libro inútil en la mano —yo que quería leerme todos sus Giraudoux, Andrée, y la historia argentina de López que tiene usted en el anaquel más bajo—; y se comen el trébol.
Son diez. Casi todos blancos. Alzan la tibia cabeza hacia las lámparas del salón, los tres soles inmóviles de su día, ellos que aman la luz porque su noche no tiene luna ni estrellas ni faroles. Miran su triple sol y están contentos. Así es que saltan por la alfombra, a las sillas, diez manchas livianas se trasladan como una moviente constelación de una parte a otra, mientras yo quisiera verlos quietos, verlos a mis pies y quietos —un poco el sueño de todo dios, Andrée, el sueño nunca cumplido de los dioses—, no así insinuándose detrás del retrato de Miguel de Unamuno, en torno al jarrón verde claro, por la negra cavidad del escritorio, siempre menos de diez, siempre seis u ocho y yo preguntándome dónde andarán los dos que faltan, y si Sara se levantara por cualquier cosa, y la presidencia de Rivadavia que yo quería leer en la historia de López.
No sé cómo resisto, Andrée. Usted recuerda que vine a descansar a su casa. No es culpa mía si de cuando en cuando vomito un conejito, si esta mudanza me alteró también por dentro —no es nominalismo, no es magia, solamente que las cosas no se pueden variar así de pronto, a veces las cosas viran brutalmente y cuando usted esperaba la bofetada a la derecha—. Así, Andrée, o de otro modo, pero siempre así.
Le escribo de noche. Son las tres de la tarde, pero le escribo en la noche de ellos. De día duermen ¡ Qué alivio esta oficina cubierta de gritos, órdenes, máquinas Royal, vicepresidentes y mimeógrafos! Qué alivio, qué paz, qué horror, Andrée! Ahora me llaman por teléfono, son los amigos que se inquietan por mis noches recoletas, es Luis que me invita a caminar o Jorge que me guarda un concierto. Casi no me atrevo a decirles que no, invento prolongadas e ineficaces historias de mala salud, de traducciones atrasadas, de evasión Y cuando regreso y subo en el ascensor ese tramo, entre el primero y segundo piso me formulo noche a noche irremediablemente la vaina esperanza de que no sea verdad.
Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas. Han roído un poco los libros del anaquel más bajo, usted los encontrará disimulados para que Sara no se dé cuenta. ¿Quería usted mucho su lámpara con el vientre de porcelana lleno de mariposas y caballeros antiguos? El trizado apenas se advierte, toda la noche trabajé con un cemento especial que me vendieron en una casa inglesa —usted sabe que las casas inglesas tienen los mejores cementos— y ahora me quedo al lado para que ninguno la alcance otra vez con las patas (es casi hermoso ver cómo les gusta pararse, nostalgia de lo humano distante, quizá imitación de su dios ambulando y mirándolos hosco; además usted habrá advertido —en su infancia, quizá— que se puede dejar a un conejito en penitencia contra la pared, parado, las patitas apoyadas y muy quieto horas y horas).
A las cinco de la mañana (he dormido un poco, tirado en el sofá verde y despertándome a cada carrera afelpada, a cada tintineo) los pongo en el armario y hago la limpieza. Por eso Sara encuentra todo bien aunque a veces le he visto algún asombro contenido, un quedarse mirando un objeto, una leve decoloración en la alfombra y de nuevo el deseo de preguntarme algo, pero yo silbando las variaciones sinfónicas de Franck, de manera que nones. Para qué contarle, Andrée, las minucias desventuradas de ese amanecer sordo y vegetal, en que camino entredormido levantando cabos de trébol, hojas sueltas, pelusas blancas, dándome contra los muebles, loco de sueño, y mi Gide que se atrasa, Troyat que no he traducido, y mis respuestas a una señora lejana que estará preguntándose ya si... para qué seguir todo esto, para qué seguir esta carta que escribo entre teléfonos y entrevistas.
Andrée, querida Andrée, mi consuelo es que son diez y ya no más. Hace quince días contuve en la palma de la mano un último conejito, después nada, solamente los diez conmigo, su diurna noche y creciendo, ya feos y naciéndoles el pelo largo, ya adolescentes y llenos de urgencias y caprichos, saltando sobre el busto de Antinoo (¿es Antinoo, verdad, ese muchacho que mira ciegamente?) o perdiéndose en el living, donde sus movimientos crean ruidos resonantes, tanto que de allí debo echarlos por miedo a que los oiga Sara y se me aparezca horripilada, tal vez en camisón —porque Sara ha de ser así, con camisón— y entonces... Solamente diez, piense usted esa pequeña alegría que tengo en medio de todo, la creciente calma con que franqueo de vuelta los rígidos cielos del primero y el segundo piso.
Interrumpí esta carta porque debía asistir a una tarea de comisiones. La continúo aquí en su casa, Andrée, bajo una sorda grisalla de amanecer. ¿Es de veras el día siguiente, Andrée? Un trozo en blanco de la página será para usted el intervalo, apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy. Decirle que en ese intervalo todo se ha roto, donde mira usted el puente fácil oigo yo quebrarse la cintura furiosa del agua, para mí este lado del papel, este lado de mi carta no continúa la calma con que venía yo escribiéndole cuando la dejé para asistir a una tarea de comisiones. En su cúbica noche sin tristeza duermen once conejitos; acaso ahora mismo, pero no, no ahora — En el ascensor, luego, o al entrar; ya no importa dónde, si el cuándo es ahora, si puede ser en cualquier ahora de los que me quedan.
Basta ya, he escrito esto porque me importa probarle que no fui tan culpable en el destrozo insalvable de su casa. Dejaré esta carta esperándola, sería sórdido que el correo se la entregara alguna clara mañana de París. Anoche di vuelta los libros del segundo estante, alcanzaban ya a ellos, parándose o saltando, royeron los lomos para afilarse los dientes —no por hambre, tienen todo el trébol que les compro y almaceno en los cajones del escritorio. Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, el borde del autorretrato de Augusto Torres, llenaron de pelos la alfombra y también gritaron, estuvieron en círculo bajo la luz de la lámpara, en círculo y como adorándome, y de pronto gritaban, gritaban como yo no creo que griten los conejos.
He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario. El día sube, tal vez Sara se levante pronto. Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca de juguetes. No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo... En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce que serán trece. Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más. Está este balcón sobre Suipacha lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad. No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.
Julio Cortazar
domingo, 8 de marzo de 2009
La Luna con gatillo
Inaguro....no se bien como se maneja esta cuestion pero se supone q iré aprendiendo. Fueron las ganas de encontrar un lugar donde poner y compartir lo que leo o escucho, lo q me motivo a crear este espacio...asi q espero q les guste lo q se publica y q tmb compartan lo q les sobre o lo q les falte.
Les dejo uno de los pemas q más me agradan y afectan espero q le guste!
Les dejo uno de los pemas q más me agradan y afectan espero q le guste!
La luna con gatillo
Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.
El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.
El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.
Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.
Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.
Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.
¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?
He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.
El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.
Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!
Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.
Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.
No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.
Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.
Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.
Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.
No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!
No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.
Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.
Raúl_González_Tuñón
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