Nos robaron la belleza,
Nos quitaron esa sensación de misterio, de lo esotérico
Nos impusieron un mundo previsible, gélido.
La metáfora del reloj nos impuso la premisa del imperativo categórico…
¿Todo se volvió más fácil?
¿A dónde llegamos?
Mataron a Dios para exaltar al hombre,
Después asesinaron al rey anthropo…
¿Quién será la próxima víctima?
¿Cuántas almas quedarán vacías?
¿Cuántos cuerpos perderán u motor vital?
Quisimos un mundo mecánico y obtuvimos caos,
Todo se volvió un desastre…
Dos gigantes se enfrentaron y hubo guerra…
Ríos de sangre corren por ideologías ajenas…
Sacrificamos la esperanza del mundo,
Destruimos lo poco que quedaba…
Desperdiciamos nuestro tiempo frente a un caleidoscopio que nos marea
Nos volvimos voyeuristas y exhibicionistas,
El reino de lo privado, de lo impenetrable se volvió efímero y estrecho
Nos mostramos grandiosos ante quién sabe y por qué no lo sé…
Vomitamos nuestras penas ante el Otro desconocido
Del cual creemos todo conocer
La interioridad se esconde en nosotros, solitaria y casi olvidada…
En un rincón de nuestra alma, presa de nuestra amnesia selectiva
Y presa de la subjetividad de lo ajeno.
¿Quién soy realmente? ¿Me conocés?
¿Quién sos? ¿Te conozco?
Preguntas que no buscan respuesta,
Preguntas que se diluyen entre tanta nada…
Tanta nada llena de tanto mucho…
Bustelo Romina.
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wow.... la verdad que me gusta mucho y tiene el aire de reclamo y letalidad, que nos gusta romi....a mariana seguro le gusta...saludos excelente-
ResponderEliminarsimon
gracias amigo...
ResponderEliminarrominita.. no sabia que que escribias tan bello loca... me gusto mucho.. besososo.grisel
ResponderEliminarjua! hay tantas cosas no sabe de mi! me algro q le haya gustado. besos
ResponderEliminarMe gustó el blog, me gustó el grito desgarrador de estas palabras.
ResponderEliminarBesos
gracias fher...!
ResponderEliminarCASO CLINICO
ResponderEliminar“EDUARDO”
Eduardo era un niño de 8 años. Ingreso al hospital Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan, porque padecía fuertes dolores en su brazo izquierdo.
Pertenecía a una familia humilde, compuesta por nuestro paciente su madre y tres hermanos. Su mamá Sandra de 38 años enviudó hace cuatro años, de este matrimonio, nacen Eduardo, Pablo de 15 años y Manuel de 11 años. Posteriormente la mamá formó una nueva pareja: Javier, con el cual tuvo su cuarto hijo Laurita de 1 año. La trama familiar en este momento se presenta complicada, la mama convive sola con todos sus hijos ya que Pablo, el mayor, aun no acepta a la nueva pareja. La situación actual empeora al estar Eduardo internado lejos de casa. Las amistades de Eduardo habían menguado bastante desde que comenzaron las internaciones, solo tiene 2 amigos con los que más se frecuenta: uno del barrio y otro de la escuela.
Eduardo es un niño que con ocho tiernos años ya ha conocido el profundo dolor del cuerpo y del alma. Padecía Cáncer de Huesos Osteosarcoma Localizado, y el equipo que asistía a Eduardo considero que era preciso amputarle el brazo para que la enfermedad no continuara con su avance desbastador.
Cuando Eduardo empieza a prepararse para la operación con todos sus temores y dudas es el momento en que se inicia el acompañamiento. Cabe aclarar que debido a que la mamá vivía en provincia de Bs. As. y tenía una niña aun muy pequeña, le resultaba muy dificultoso cuidar a Eduardo todo el tiempo, por lo que se decidió que el acompañamiento se realizara todos los días de la semana en horarios de 14 a 18 horas.
“El primer encuentro con el paciente fue inolvidable. Cuando llegue al hospital estaba sentado en su cama, y con sus ojos brillantes a fuerza de lagrimas y su pecho que se estremecía en sollozos. Cuando me vio comenzó a agitar sus manitos como avecillas asustadas, en un revoloteo que hablaba de urgencia. Me aproxime rápidamente a su cama y así entre un sollozo y otro me dijo que le tenían que cortar el brazo. Lo abrase fuertemente contra mi pecho, conteniéndolo en un abrazo silencioso y profundo, que daba la sensación de que nos entregábamos el alma”.
ResponderEliminarLo deje llorar un largo rato mientras le acariciaba la cabeza rizada, y cuando los sollozos se aplacaron, comencé a hablarle con mucha ternura.
Entonces le dije:
- Eduardo: vos sabes que tu brazo está muy enfermo y es necesario realizar esta operación, porque si no la enfermedad va a seguir avanzando.Mientras enjuagaba sus lagrimas le dije: a hora necesito que me prestes mucha atención :
- Eduardo, de mas esta decirte que sería mejor que esto nunca hubiese sucedido, pero, quiero que sepas que te quedan muchas cosas y muy valiosas.
Te queda tu cabecita para pensar, tus ojos, los oídos, la boca, la nariz, tu otro brazo, las piernas y yo se que con todo eso te podes llevar el mundo por delante. Pero, fundamentalmente te queda algo realmente hermoso y es tu interior, esto nadie te lo va a poder quitar, ni accidente, ni enfermedad, ni cirugía. Eduardo el interior de cada uno es lo que realmente importa y lo hace valioso. Tenemos que trabajar con todo esto que nos queda y no llorar por lo que perdimos.
“El primer encuentro con el paciente fue inolvidable. Cuando llegue al hospital estaba sentado en su cama, y con sus ojos brillantes a fuerza de lagrimas y su pecho que se estremecía en sollozos. Cuando me vio comenzó a agitar sus manitos como avecillas asustadas, en un revoloteo que hablaba de urgencia. Me aproxime rápidamente a su cama y así entre un sollozo y otro me dijo que le tenían que cortar el brazo. Lo abrase fuertemente contra mi pecho, conteniéndolo en un abrazo silencioso y profundo, que daba la sensación de que nos entregábamos el alma”.
ResponderEliminarLo deje llorar un largo rato mientras le acariciaba la cabeza rizada, y cuando los sollozos se aplacaron, comencé a hablarle con mucha ternura.
Entonces le dije:
- Eduardo: vos sabes que tu brazo está muy enfermo y es necesario realizar esta operación, porque si no la enfermedad va a seguir avanzando.Mientras enjuagaba sus lagrimas le dije: a hora necesito que me prestes mucha atención :
- Eduardo, de mas esta decirte que sería mejor que esto nunca hubiese sucedido, pero, quiero que sepas que te quedan muchas cosas y muy valiosas.
Te queda tu cabecita para pensar, tus ojos, los oídos, la boca, la nariz, tu otro brazo, las piernas y yo se que con todo eso te podes llevar el mundo por delante. Pero, fundamentalmente te queda algo realmente hermoso y es tu interior, esto nadie te lo va a poder quitar, ni accidente, ni enfermedad, ni cirugía. Eduardo el interior de cada uno es lo que realmente importa y lo hace valioso. Tenemos que trabajar con todo esto que nos queda y no llorar por lo que perdimos.
Eduardo además tenía otros temores, como despertarse durante la cirugía o no despertarse nunca; para apaciguar estos temores y para explicarle a Eduardo que era aquello de lo que oía hablar a los doctores, la Anestesia, le dije:
- Esta es en realidad una “agüita dormilona”, y se llamaba si porque parecía agua pero estaba llena de duendecitos juguetones que les encantaba hacer nuditos en las pestañas de los niños para que estos no se despertaran durante la cirugía. Estos duendecitos son muy obedientes y cuando los doctores terminabas de operar les decían que se fueran, ellos obedecían y rápidamente desataban los nuditos y se iban.
También Eduardo me pidió que permaneciera con él durante la operación y yo le prometí que así seria. Los doctores trataron de persuadirme de que no era necesario que estuviese presente ya que mi paciente estaría dormido y que sería muy traumática, pero pudo más mi compromiso con mi pacientito.
Permanecí junto a él, durante la cirugía, con un nudo de angustia en la garganta, esperando poder encontrar argumentos para que Eduardo se reconciliara con la vida.
pera te lo mando de nuevo que se me hizo lio... ahora van los comentarios con la cagada esta....>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
ResponderEliminarCASO CLINICO
ResponderEliminar“EDUARDO”
Eduardo era un niño de 8 años. Ingreso al hospital Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan, porque padecía fuertes dolores en su brazo izquierdo.
Pertenecía a una familia humilde, compuesta por nuestro paciente su madre y tres hermanos. Su mamá Sandra de 38 años enviudó hace cuatro años, de este matrimonio, nacen Eduardo, Pablo de 15 años y Manuel de 11 años. Posteriormente la mamá formó una nueva pareja: Javier, con el cual tuvo su cuarto hijo Laurita de 1 año. La trama familiar en este momento se presenta complicada, la mama convive sola con todos sus hijos ya que Pablo, el mayor, aun no acepta a la nueva pareja. La situación actual empeora al estar Eduardo internado lejos de casa. Las amistades de Eduardo habían menguado bastante desde que comenzaron las internaciones, solo tiene 2 amigos con los que más se frecuenta: uno del barrio y otro de la escuela.
Eduardo es un niño que con ocho tiernos años ya ha conocido el profundo dolor del cuerpo y del alma. Padecía Cáncer de Huesos Osteosarcoma Localizado, y el equipo que asistía a Eduardo considero que era preciso amputarle el brazo para que la enfermedad no continuara con su avance desbastador.
Cuando Eduardo empieza a prepararse para la operación con todos sus temores y dudas es el momento en que se inicia el acompañamiento. Cabe aclarar que debido a que la mamá vivía en provincia de Bs. As. y tenía una niña aun muy pequeña, le resultaba muy dificultoso cuidar a Eduardo todo el tiempo, por lo que se decidió que el acompañamiento se realizara todos los días de la semana en horarios de 14 a 18 horas.
“El primer encuentro con el paciente fue inolvidable. Cuando llegue al hospital estaba sentado en su cama, y con sus ojos brillantes a fuerza de lagrimas y su pecho que se estremecía en sollozos. Cuando me vio comenzó a agitar sus manitos como avecillas asustadas, en un revoloteo que hablaba de urgencia. Me aproxime rápidamente a su cama y así entre un sollozo y otro me dijo que le tenían que cortar el brazo. Lo abrase fuertemente contra mi pecho, conteniéndolo en un abrazo silencioso y profundo, que daba la sensación de que nos entregábamos el alma”.
Lo deje llorar un largo rato mientras le acariciaba la cabeza rizada, y cuando los sollozos se aplacaron, comencé a hablarle con mucha ternura.
ResponderEliminarEntonces le dije:
- Eduardo: vos sabes que tu brazo está muy enfermo y es necesario realizar esta operación, porque si no la enfermedad va a seguir avanzando.Mientras enjuagaba sus lagrimas le dije: a hora necesito que me prestes mucha atención :
- Eduardo, de mas esta decirte que sería mejor que esto nunca hubiese sucedido, pero, quiero que sepas que te quedan muchas cosas y muy valiosas.
Te queda tu cabecita para pensar, tus ojos, los oídos, la boca, la nariz, tu otro brazo, las piernas y yo se que con todo eso te podes llevar el mundo por delante. Pero, fundamentalmente te queda algo realmente hermoso y es tu interior, esto nadie te lo va a poder quitar, ni accidente, ni enfermedad, ni cirugía. Eduardo el interior de cada uno es lo que realmente importa y lo hace valioso. Tenemos que trabajar con todo esto que nos queda y no llorar por lo que perdimos.
Eduardo además tenía otros temores, como despertarse durante la cirugía o no despertarse nunca; para apaciguar estos temores y para explicarle a Eduardo que era aquello de lo que oía hablar a los doctores, la Anestesia, le dije:
- Esta es en realidad una “agüita dormilona”, y se llamaba si porque parecía agua pero estaba llena de duendecitos juguetones que les encantaba hacer nuditos en las pestañas de los niños para que estos no se despertaran durante la cirugía. Estos duendecitos son muy obedientes y cuando los doctores terminabas de operar les decían que se fueran, ellos obedecían y rápidamente desataban los nuditos y se iban.
También Eduardo me pidió que permaneciera con él durante la operación y yo le prometí que así seria. Los doctores trataron de persuadirme de que no era necesario que estuviese presente ya que mi paciente estaría dormido y que sería muy traumática, pero pudo más mi compromiso con mi pacientito.
Permanecí junto a él, durante la cirugía, con un nudo de angustia en la garganta, esperando poder encontrar argumentos para que Eduardo se reconciliara con la vida.
ResponderEliminarOtro de los temores era que lo iban a llevar a terapia y su cirugía era muy larga, por esto cuando se despertara se iba a encontrar solo ya que a su mama no la dejarían entrar, lo tranquilice y le dije que, si quería, yo estaría a su lado cuando él despertara.
Fue ahí cuando un nudo en mi garganta y una que otra lagrima se escaparon, en el momento que Eduardo comenzó a despertar y al verse conectado a todo tipo de aparatos médicos con una tenue voz me dijo: Adriana abrázame los duendecitos se están yendo, por favor abrázame…
Días después comenzamos a proyectar una nueva vida…
Eduardo comenzó el tratamiento de rehabilitación con kinesiólogos y psicomotricistas.
Comenzamos a realizar trabajos como el de buscar en revistas y diarios artículos de pintores sin manos, deportistas sin piernas, niños sin brazos por el efecto de la droga Talidomida, y comenzamos a proyectar una nueva vida, con sus nuevas posibilidades.
Eduardo termino con éxito el tratamiento. A modo de cierre, sin haber sido planeado en los pasillos del hospital Eduardo me sorprendió con un cálido abrazo, mientras me susurraba al oído que había terminado con su tratamiento en el hospital.
Bibliografía:
Caso clínico de: TOCANDO EL CIELO CON LAS MANOS
Adriana Saetone
listo:D
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